Por encima del amor y del odio, el país había vivido durante un mes, día a día, la agonía del Caudillo a través del frío realismo de los partes médicos que informan de la crítica situación. El rumor constante inundaba las calles, se detiene en los círculos políticos y se intensifica en los medios de comunicación donde algunos doctores hacen de intermediarios entre el gran público y los partes médicos.

El día diecinueve, lo temido se hace presente. Los partes hablan de un deterioro en a situación crítica. El final es cuestión de horas. Llegó la madrugada y a las cinco y veinticinco en versión oficial, el encefalograma emitió una línea plana: Francisco Franco había muerto. El último parte médico fue difundido por radio y TV a las 7,30 horas del día 20 de noviembre de 1975. Treinta y nueve años después y casi a la misma hora, Franco se unía a José Antonio.

La emocionada imagen del Presidente Arias, incapaz de contener el llanto ante las cámaras hizo saber a los españoles el testamento político de Franco en el que solicitaba adhesión a su Sucesor, el futuro Rey que, en esos momentos, ya había dejado la Jefatura del Estado en manos del Consejo de Regencia.

La misma tarde del día del fallecimiento se celebra el funeral en El Pardo para familiares, allegados y altos cargos. Rainiero de Mónaco, Hussein de Jordania, el general Pinochet y numerosas representaciones extranjeras de rango medio asistieron a las exequias del Jefe del Estado.


A partir del día siguiente y durante cuarenta y siete horas, el cadáver del Caudillo estará expuesto al público en la Sala de Columnas del Palacio Real pero las impresionantes colas que serpenteaban por las calles de Madrid para visitar la capilla ardiente hicieron aconsejable trasladar el cadáver a otra sala de la planta baja.

Las estadísticas oficiales señalan que mas de 250000 personas desfilaron ante el féretro y que muchas no pudieron hacerlo. El ataúd, colocado sobre una austera plataforma militar, recorrió las calles de Madrid camino del Valle de los Caídos. Allí le despiden los cantos nostálgicos de falangistas y veteranos excombatientes españoles y europeos.


En contraste con el espectáculo de los españoles desfilando por la capilla ardiente, los medios de comunicación transmitían simultáneamente, el sábado 22, los vítores que llenaban el Palacio de las Cortes y aledaños en el acto de la proclamación de Juan Carlos de Borbón como Rey de España.

Para el recuerdo quedan las palabras del testmento político de Franco:
"Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno en su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que preservéis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido.

No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda vida personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo.

Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria. Quisiera en los últimos momentos, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez en los umbrales de mi muerte: "Arriba España. Viva España".