Día 15 de abril de 1931: procedente del ministerio de la Gobernación en la Puerta del Sol, la ciudadanía de Madrid desciende por la calle de Alcalá. Con paso decidido y acompasado se encamina hacia la plaza de Cibeles. Rostros con expresión sonriente, gritos y canciones vibran en las gargantas.

Entretanto, Alfonso XIII abandona el país vía Cartagena y rumbo a Marsella. El 14 de abril, en medio de un entusiasmo popular, el Comité republicano se he hecho con la situación y ha tomado posesión del Gobierno del país, proclamando la II República y poniendo fin a la monarquía exagŸe de Alfonso XIII. Concluye así una etapa difícil para la sociedad española, gobernada primero por la dictadura del General Primo de Rivera y después por la transición fallida -que la prensa apoda dictablanda- de Berenguer, ambas instaladas desde 1923 con el consentimiento del régimen monárquico, complaciente con los segmentos anticonstitucionales del país.

A comienzos de la década, los españoles reclaman la vuelta al sistema político parlamentario. La ilusión de la propuesta republicana penetra en todas las capas de la sociedad española. Grupos nacionalistas, catalanes y gallegos, el movimiento obrero, sectores importantes de entre los intelectuales del país, estudiantes y una nutrida parte del Ejército se alían bajo un lema común: poner fin al régimen monárquico al que se le achacan los males del país.

Cuando las masas lleguen a Cibeles, intuimos que la aglomeración desbordada de las gentes reivindicará su protagonismo en la historia.