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MIÉRCOLES,
28 de MARZO
SESIÓN SEGUNDA: "LA REALIDAD DESNUDA": LAS MUJERES Y LA FOTOGRAFÍA MODERADORA: Dra. Dña. Gloria Nielfa Cristóbal. Profesora Titular de la Universidad Complutense de Madrid PONENCIA: "Las mujeres de la España republicana a través de sus imágenes (1936-1939)" Dra. Dña. Pilar Domínguez. Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad. |
Una de las primeras consideraciones que debemos realizar sobre la imagen fotográfica es quién enfoca. La mirada fotográfica no es ingenua, se centra en una serie de personajes y de escenarios que interesan al fotógrafo, o bien a quien le encarga el reportaje fotográfico. En este caso la dispersión de la obra fotográfica que produjo la guerra dificulta la identificación de los autores de las imágenes que hemos recogido, que aparecen sin autoría.
Esto es lo que ocurre con la mayoría de las fotos que proceden de archivos públicos y privados situados en Madrid: la Biblioteca Nacional (sección de Bellas Artes), el Archivo General de la Administración y el Archivo del Partido Comunista de España.
Los fotógrafos españoles Manuel Albero y Francisco Segovia, Alfonso, Escobar, Luis Centelles, los hermanos Mayo, Santos Yubero y Luis Torrens son menos conocidos que sus homólogos extranjeros a pesar de la importancia de sus reportajes sobre la guerra. Esta generación de periodistas gráficos se había destacado en los años treinta trabajando en las nuevas revistas ilustradas como "Crónica" o "Estampa". La producción gráfica aumenta a partir de 1933, pues utilizan para hacer sus reportajes la nueva cámara Leyca que se cargaba ya con rollos de película de 35mm. y además, era más cómoda de manejar.
Desde el comienzo del conflicto su identificación con la causa popular es muy clara, hasta el punto que algunos fotógrafos plantearon su trabajo durante la guerra como un claro instrumento de propaganda al servicio del gobierno constitucional . En este sentido, muchas de sus imágenes fueron utilizadas para la propaganda republicana en los carteles y tarjetas postales que editaba el gobierno central, la Junta de Defensa de Madrid, el Socorro Rojo Internacional, etc.
Los fotógrafos tuvieron grandes dificultades para realizar su trabajo en los frentes y la retaguardia, pues en el bando republicano escaseaba el material gráfico, las películas y el papel, de manera que a veces debieron volver a utilizar las viejas placas de cristal. El fotógrafo Alfonso contaba que para hacer uno de sus reportajes sobre Madrid tuvo que emplear los restos de un rollo de película de cine. Todo ello sin contar lo arriesgado de la empresa, que le costó la vida a la fotógrafa Gerda Taro.
Manuel Albero y Francisco Segovia -destacados fotógrafos deportivos en la República- fueron "los grandes cronistas de aquellas jornadas" en Madrid, desde el mismo 18 de julio de 1936 en que fotografiaron el asalto republicano al cuartel de la Montaña; seguramente muchas de las fotos seleccionadas, ahora anónimas, son suyas. También trabajaron en Madrid Santos Yubero y los hermanos Mayo que constituyeron una agencia de prensa que enviaba fotos a todo el país.
Algunas de las fotos pertenecen a fotógrafos muy conocidos en el mundo del fotorreportaje fuera de España, que tenían claras sus simpatías por la causa republicana y consideraban su trabajo como una forma de contribución a la lucha antifascista. Está entre ellos el húngaro Robert Capa, quien había tenido que huir de los nazis por motivos políticos; estuvo en España el año 36 y realizó un amplio reportaje sobre la guerra civil para la revista francesa "Vu". Otros fotógrafos extranjeros eran David Szymin, "Chim" (que luego formaría parte de la agencia Magnum fundada por Capa), Walter Reuter y las fotógrafas Gerda Taro, Tina Modotti y Kati Horna.
La fotografía representa un momento del pasado que se hace presente para nosotros; como decía el fotógrafo Alfonso: "Tiempo, imagen, lugar, son fijados en una fracción de segundo para la eternidad" . Su capacidad de captar el acontecimiento la convierte en una fuente privilegiada para el conocimiento de la historia del siglo XX. La imagen fotográfica, a diferencia de una imagen artística, capta lo real, aunque ahora los sujetos -las mujeres en este caso- pasan a convertirse en objetos de la cámara fotográfica perdiendo el protagonismo que les concede el entrevistador en la historia de vida donde son un testimonio vivo.
Sin embargo hay una estrecha relación entre el testimonio y las imágenes visuales; éstas permanecen en la memoria de los sujetos que viven los acontecimientos como imágenes mentales y "constituyen el núcleo fuerte de la memoria oral", como dice Joutard . Por ello recurrimos a los testimonios orales de las mujeres a la hora de comentar y analizar las imágenes de este período.
La fotografía nos descubre nuevos escenarios para la actuación social de las mujeres. Desde que aparecieron las primeras imágenes, las mujeres podían encontrarse retratadas fuera del espacio privado, trabajando en los lavaderos, los mercados, los espectáculos (fotos de artistas), o en los actos de la vida social elegante, si se trataba de las mujeres de clase alta. De las primeras décadas del siglo se conservan las famosas fotos de Alfonso realizadas en Madrid a los hombres y mujeres del pueblo (la vendedora de pavos, etc.). No obstante, el ámbito político seguía siendo entonces de dominio masculino y son muy pocas las mujeres que se asoman a él antes de 1931.
Las imágenes de las mujeres españolas de los años treinta hacen manifiesta su presencia en el espacio público. A partir del advenimiento de la República aparecen con frecuencia en las revistas ilustradas, como "Estampa" de Madrid, fotos de mujeres en nuevos escenarios antes reservados casi en exclusiva a los hombres. Así las vemos formando parte de grupos teatrales vanguardistas como "La Barraca", en las competiciones deportivas universitarias, realizando una actividad laboral (obreras, maestras) o dedicadas al estudio. Todo ello indica la aparición de una nueva imagen de la mujer joven, más atrevida y dinámica, que usa el mono o lleva pantalones cortos. Todavía esta imagen coexiste con el modelo tradicional, según el cual la vida de la mujer estaba centrada en la esfera de lo privado, en la familia y la maternidad.
La importancia de la participación de las mujeres en la vida pública española durante la II República y la guerra civil queda evidenciada por el gran número de imágenes femeninas que conservamos de este período, a pesar del desastre que supuso la guerra (pérdida de gran cantidad de negativos y documentación gráfica). Además, la significación política de la guerra civil española como guerra "antifascista" hizo que fuera un período especialmente bien documentado por los fotógrafos europeos más comprometidos en la lucha contra el avance del fascismo.
La presencia de las mujeres en el mundo de la política fue cada vez más frecuente desde que consiguen la ciudadanía plena con el derecho a voto en 1931. Las fotos dedicadas a la actividad política femenina pertenecen al período en que son elegidas las primeras representantes: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. A partir de entonces, todos los partidos y sindicatos se esforzarán por captar a las mujeres jóvenes para su causa. Las elecciones de 1933 nos proporcionan imágenes de nuevas diputadas como María Lejárraga, Matilde de la Torre, Dolores Ibarruri, Veneranda García Manzano, etc.
Poco a poco se incrementará la participación de mujeres, en especial en las organizaciones de la izquierda como la "Agrupación de Mujeres Antifascistas", fundada en 1933. En su primer congreso quedó constituido el Comité Nacional formado por destacadas líderes comunistas, socialistas y republicanas (Dolores Ibarruri, Victoria Kent, Emilia Elías, Encarnación Fuyola, entre otras); esta reunión es una de las primeras asambleas de mujeres que aparece documentada gráficamente.
La Falange, que acababa también de constituirse y tenía una "Sección Femenina", proporciona pocas imágenes de sus mujeres hasta la guerra civil.
Esta progresiva incorporación de las mujeres a la vida pública en España contrasta fuertemente con lo que ocurría en otros países europeos como Alemania, Francia e Inglaterra, donde las mujeres estaban siendo apartadas del trabajo extradoméstico, lo que nos da idea de la singularidad del proceso histórico español. Así, por ejemplo, mientras que en la España de 1931 el ministro socialista Largo Caballero levantaba la prohibición del trabajo para la mujer casada por considerarla "abusiva e inmoral" y dictaba la Ley sobre Igualdad en los contratos de trabajo en diciembre de 1931, en otros países europeos se estaban imponiendo medidas conservadoras contrarias al trabajo de la mujer casada.
En la práctica, la tasa de actividad femenina en España seguía siendo muy baja , un 14% del total. A pesar de las medidas igualitarias, las mujeres apenas se incorporaron al trabajo remunerado, en parte porque la recesión económica empezaba a hacerse patente desde 1933. Las condiciones de trabajo cambiaron poco y los conflictos laborales se sucedieron en estos años, impulsados en gran medida por la CNT que se veía excluida por la Ley de Jurados Mixtos.
Sin embargo, la enseñanza fue una actividad en expansión para la población femenina de clase media. Numerosas fotos muestran el empeño de las jóvenes maestras en los "grupos escolares" recién inaugurados por la República en sustitución de las escuelas católicas clausuradas. En estas nuevas escuelas niños y niñas se sentaban juntos a estudiar un programa común; esta nueva imagen de la coeducación en una escuela laica se consideraba uno de los logros de la República y también aparece ampliamente reflejada en las fotos, como uno de los símbolos de la nueva República.
Las víctimas de la guerra
El inicio de la guerra civil supuso una ruptura brutal de la vida cotidiana para todos los españoles. Muchas familias sufrieron muertes y separaciones por la situación de los frentes, otras tuvieron que ser evacuadas de sus lugares de origen pasando a ser refugiados en la gran ciudad.
La fotografía refleja con gran dramatismo todas estas vivencias. Alfonso hacía una buena descripción de la ciudad en la guerra, desde su punto de vista de fotógrafo comprometido con la República:
"Veo un Madrid triste y hambriento, amenazado por los bombardeos. Esas estampas terribles de los refugios de los sótanos de las casas. Hago una serie de fotografías donde los hombres se refugian en el metro, ateridos de frío, fotografías que jamás hubiera querido hacer " .
Sus fotos de los refugiados, mujeres y niños, en el subterráneo del metro madrileño tienen un gran valor emotivo y documental y fueron publicadas por un diario londinense, "The Illustrated London News", en plena guerra.
La imagen de esas mujeres víctimas de la guerra, desvalidas y pobres con sus hijos al lado, es la predominante en los reportajes gráficos de la guerra, quizás porque era la más capaz de conmover a la opinión pública internacional y además la más representativa de la situación de la mayoría de las mujeres. No obstante veremos otras imágenes muy distintas de aquellas mujeres que trabajaban y luchaban en el frente y la retaguardia al lado de los hombres por la victoria republicana.
Una parte importante de los reportajes fotográficos de Madrid en guerra fueron encargados por la Junta de Defensa de Madrid y forman el llamado "Archivo Rojo" (aludiendo al general Vicente Rojo). Este organismo, encargado de coordinar la defensa de la capital, fue creado por el gobierno a raíz de la ofensiva franquista el 6 de noviembre de 1936 y lo formaban representantes de todos los partidos políticos en el gobierno; lo presidía el general Miaja que nombró jefe de estado mayor al entonces comandante Vicente Rojo.
Por medio de las imágenes de la capital de España durante la guerra, la sección de prensa y propaganda de la Junta de Defensa intentaba crear sentimientos de apoyo al pueblo español con el fin de recabar la solidaridad internacional hacia la República amenazada.
Mientras tanto, los habitantes de Madrid sufrían las consecuencias de la guerra. Los problemas de abastecimiento eran enormes en una ciudad asediada que aumentaba sin cesar su población con la llegada masiva de refugiados procedentes de los pueblos de Avila, Segovia o Toledo (tomado por los franquistas en septiembre de 1936).
La lucha diaria por sobrevivir, que estaba a cargo de las mujeres en los hogares de la ciudad, se hizo mucho más dura. Muchas mujeres y niñas entonces, rememoran las largas colas desde la madrugada necesarias para conseguir pan, leche o unas patatas. Sin embargo, no hay apenas imágenes de este sufrimiento diario que formaba parte del trabajo doméstico de las mujeres en tiempos de guerra; sí tenemos alguna foto de la incesante búsqueda de leña para encender el fuego, que acabó con los árboles de la ciudad y con los muebles de las casas.
Las imágenes de la guerra muestran como para muchas mujeres las tareas del hogar, propias del espacio privado y doméstico, tuvieron que realizarse en plena calle entre grandes incomodidades. Este era el caso de la población evacuada a Madrid o de las víctimas de los bombardeos de la aviación enemiga que aparecen con todos sus enseres y hatillos en plena calle. El sujeto principal de estas imágenes es la mujer madre con sus hijos, protagonizando las escenas más emotivas de la guerra, que fueron utilizadas en los carteles (del Socorro Rojo, por ejemplo) con el fin de impulsar la campaña de acogida de refugiados en Madrid y luego en Valencia.
Se trata de las fotos más representativas de la tragedia de la guerra, de mujeres y niños entre casas bombardeadas, madres de luto llorando a sus muertos, amamantando a sus hijos, etc. Su aparición, además en la propaganda republicana convierten a la mujer-madre, víctima de la guerra, en un símbolo de la inocencia del pueblo frente al ataque fascista. Por ejemplo, los carteles del Ministerio de Propaganda editados dentro de la campaña de Ayuda a Madrid toman la imagen de una mujer desesperada con su hijo en brazos bajo las bombas.
La intencionalidad de estos reportajes, que se proponen conmover al espectador y conseguir su ayuda solidaria explica la insistencia en este tipo de imágenes, pero también hay que tener en cuenta la realidad que muestran estas fotografías, es decir, que entonces la mayoría de las mujeres de Madrid se dedicaban al trabajo doméstico y al cuidado de sus hijos o familiares en el hogar.
La movilización femenina
Muy distintas y también numerosas son las fotos en que aparecen las jóvenes republicanas trabajando activamente por ganar la guerra. La amplia movilización de las mujeres del bando republicano y su contribución a las tareas de ayuda a la guerra contra los sublevados queda así demostrada gráficamente. Las imágenes refuerzan los testimonios orales de aquellas mujeres que nos hablaban de la variedad de actividades y servicios gratuitos que desempeñaron en estos años, haciéndose cargo de los puestos de trabajo que habían ocupado los hombres.
La importancia social de la participación femenina en la retaguardia republicana ha sido reconocida por historiadores de la guerra civil como y Julián Casanova, Edward Malefakis y Mary Nash , aunque todavía no es tenida en cuenta por muchos otros estudios sobre el tema.
La actividad política y laboral femenina fue canalizada por las organizaciones de mujeres. Precisamente la Unión de Muchachas, formada en 1937 por jóvenes de las Juventudes Socialistas Unificadas de Madrid, se creó con el objetivo de reclutar chicas de 14 a 25 años para trabajar en los talleres y en las fábricas. La agrupación de Mujeres Libres, creada en 1937 por mujeres de tendencia anarquista, y la de Mujeres Antifascistas (AMA) tuvieron gran protagonismo, junto al Socorro Rojo Internacional, que dependía de los partidos comunistas del mundo. Además contribuyeron a la movilización femenina las organizaciones sindicales, UGT y CNT y los partidos políticos de la izquierda, con sus llamamientos a la colaboración en la retaguardia.
Las mujeres más politizadas organizaron servicios gratuitos de guarderías y comedores para niños, talleres de confección de uniformes para los soldados y visitaban los hospitales y los frentes "llevando el cariño y la solidaridad de las mujeres a los defensores de la República" .
Las mujeres de la AMA también formaron parte de la Comisión de Auxilio Femenino, adscrita al ministerio de Defensa Nacional y encabezada por conocidas mujeres como la "Pasionaria", Victoria Kent, Encarnación Fuyola y la escritora Isabel de Palencia. Esta comisión colaboraba con el gobierno en las importantes tareas de abastecimiento de víveres y ropa para Madrid y el frente. Contamos con numerosas imágenes de las mujeres de Auxilio Femenino cargando y repartiendo paquetes de alimentos, cortando carne, con cajas de leche, etc. De hecho, muchas jóvenes se hicieron eco de los llamamientos para realizar estos repartos de ayuda humanitaria.
Por lo general, las mujeres desempeñaron trabajos que aprovechaban sus habilidades genéricas como la costura o el cuidado de los niños y enfermos. Estos servicios, por estar relacionados con el trabajo doméstico, se veían como naturalmente gratuitos y eran realizados de forma altruísta y desinteresada. Más adelante, el trabajo en los talleres de confección fue considerado una industria de guerra y por lo tanto, pasó a ser remunerado.
La confección y el cuidado de heridos fueron sus ocupaciones principales, pero el desarrollo de los frentes de guerra y los constantes llamamientos a filas para los hombres hizo que las mujeres tuvieran que colaborar en la producción industrial bélica y en otras actividades laborales en el lugar dejado por los soldados movilizados. Estas experiencias, aún en contexto de la guerra, son recordadas por ellas de forma positiva, por lo que suponían de incorporación a la vida pública y de cambio respecto a una vida centrada en el ámbito doméstico.
Esa incorporación de las mujeres a un trabajo remunerado también se organizó por parte de las organizaciones de mujeres, la Agrupación de Mujeres Antifascistas y Mujeres Libres.
En este período, el trabajo fuera del hogar y la actividad política a favor de la República son casi inseparables, pues la mayoría de las mujeres trabajaron teniendo conciencia del valor de su actividad laboral para la causa republicana.
Sin embargo, sólo las mujeres jóvenes más politizadas y decididas se incorporaron incluso a luchar en el frente, siguiendo las consignas socialistas, comunistas o libertarias.
Como vemos en las imágenes, estas jóvenes militantes se equiparaban a los soldados llevando también un arma; además habían cambiado sus prendas femeninas por el atuendo masculino que acercaba la imagen de la mujer a la del hombre.
La costumbre del uniforme femenino de corte casi militar y el corte de pelo a lo "garçon" venía ya de los tiempos de la República, pero muchas de estas jóvenes que vemos uniformadas y con pistola no eran milicianas, pues no iban al frente a combatir, sino miembros de partidos o sindicatos que iban a colaborar con sus compañeros en otras tareas como llevar medicinas, ropa, etc. Las características especiales del ejército popular republicano hacían posible la presencia de las mujeres, en especial en el primer año de guerra.
Las imágenes de las jóvenes activistas y milicianas, recibiendo su fusil o en la trinchera, son impactantes y muestran la existencia de una situación revolucionaria, de subversión del orden social que, al menos en aquellos momentos, produjo una cierta igualdad en los papeles sociales de hombres y mujeres. Sin embargo, esta subversión estaba poco asumida socialmente. Rosario Sánchez -la famosa "Dinamitera" del poema de Miguel Hernández- explicaba en su entrevista cómo las mujeres fueron muy criticadas por llevar mono y fusil y sólo por este mismo motivo algunas tuvieron que sufrir luego las cárceles franquistas.
La insistencia de los fotógrafos en captar a las milicianas, pese a ser una minoría, se explica por la novedad que supuso la incorporación de las mujeres al frente y la imagen revolucionaria que daba de la guerra en España.
Pero, como dice Mary Nash , los carteles de propaganda con fotos y dibujos de mujeres empuñando el fusil estaban principalmente dirigidos a animar a la población masculina a ir al frente. Se trataba de utilizar la imagen femenina como un símbolo de la guerra y no de hacer un llamamiento a las mujeres a empuñar el fusil. De hecho la mayoría de las fuerzas políticas estuvieron de acuerdo con la retirada de las milicianas del frente en 1937. Los posibles perjuicios que ocasionaban las mujeres a la tropa masculina fue el argumento utilizado, pero esta retirada desilusionó a muchas de ellas.
Las actividades de propaganda en la retaguardia fueron muy frecuentes; a menudo aparecen jóvenes dando mítines para animar a la población a resistir frente a los bombardeos. En el caso del asedio de Madrid y su defensa, los propagandistas, hombres y mujeres, tuvieron gran importancia a la hora de mantener el espíritu de lucha de la población sitiada desde octubre del año 1936 y en la resistencia posterior.
La imagen de las mujeres que trabajan
Las fotografías nos muestran a mujeres en su mayoría jóvenes, que aparecen risueñas ante la cámara, son las trabajadoras de las fábricas y talleres, que aparecen a menudo orgullosas de su contribución a la economía de guerra.
Esta imagen de la mujer trabajadora fue la más difundida por la propaganda republicana . Las jóvenes dedicadas al trabajo industrial y en concreto a su actividad principal, la confección de todo tipo de prendas para los soldados del frente, ejemplifican la labor de las mujeres solidarias en la retaguardia y por ello se multiplican sus imágenes.
Por otro lado, sabemos por otras fuentes que las condiciones de trabajo eran muy precarias, en especial en los nuevos talleres montados por los sindicatos o las organizaciones de mujeres. Los salarios femeninos seguían siendo inferiores a los masculinos y, en concreto en las fábricas de material bélico, sus tareas estaban bajo la autoridad masculina.
Además son muy interesantes, aunque más escasas, las imágenes de mujeres dedicadas a las faenas agrícolas. Proceden en su mayoría del llamado "Archivo Rojo", lo cual nos lleva a pensar en su carácter propagandístico, pues podía tratarse de fotos hechas con el fin de conseguir la colaboración ciudadana en las tareas del campo.
Las jóvenes con aire urbano que aparecen subidas al tractor, puño en alto, o recogiendo la mies, serían miembros de las "brigadas de trabajo rural" formadas por obreras madrileñas voluntarias que iban por los pueblos los fines de semana para ayudar en el trabajo del campo. Estas tareas aparecen bien documentadas en los testimonios orales de las mujeres.
Entre las mujeres ocupadas en el sector servicios llaman la atención aquellas que desempeñaban oficios tradicionalmente masculinos, como el de chofer, conductora de tranvía o tren. En esta época tan aficionada a los uniformes, ellas adoptaban el traje de faena característico de su labor y, como consecuencia, una imagen masculinizada que tuvo que causar gran impacto en el Madrid de los años treinta, donde todavía había una gran diferencia entre el atuendo masculino y el femenino.
También podemos verlas ejerciendo de maestras y cuidadoras en los albergues y colonias infantiles destinadas, en su mayoría, a los niños evacuados. El Ministerio de Instrucción Pública utilizó con profusión esas fotos como propaganda de sus actividades en su esfuerzo por animar a la población civil.
En relación con el trabajo extradoméstico de las mujeres durante la guerra, las imágenes parecen corroborar lo que señalan otras fuentes orales o escritas, respecto a la relación social entre mujeres y hombres.
Durante la guerra civil se mantuvo la tradicional división del trabajo según el género, que daba a las mujeres una posición social subordinada al hombre; ésta se concretaba en salarios femeninos más bajos y una menor implicación de las mujeres en las tareas de dirección y gestión de las empresas colectivizadas. Además, abundan las fotos de mujeres realizando tareas domésticas - limpiando, guisando- tanto en el frente como en la retaguardia.
Pese a estas limitaciones, la presencia de las mujeres en estos espacios públicos antes reservados a los hombres fue un hecho relevante durante estos años.
El final de la guerra y la derrota de la República supuso un corte radical de esta tendencia a la participación de las mujeres. La derrota no sólo trajo consigo la interrupción de la actividad laboral femenina, como había ocurrido en otros países tras la desmovilización de los soldados de la I Guerra Mundial y la vuelta al hogar, sino el castigo y la represión o el exilio para todas aquellas mujeres que habían participado en las actividades de ayuda al bando republicano en la contienda.
La participación política (a excepción de la Falange y la Sección Femenina) y los derechos de ciudadanía quedaron prohibidos para todos los españoles bajo el régimen de Franco. El trabajo remunerado se hizo marginal para las mujeres que se vieron obligadas a centrarse en las tareas domésticas.
A cambio, aumentaron las víctimas de la guerra con sus secuelas de fusilamientos o cárcel; de todo ello no quedan apenas testimonios gráficos, tan sólo la memoria oral y escrita nos ha dejado narraciones estremecedoras de los que vivieron estos acontecimientos.
La mayoría de los fotógrafos republicanos marcharon al exilio, los hermanos Mayo fueron a México, Centelles a Francia y otros, como Alfonso, fueron depurados en España. Sus reportajes gráficos - si no se perdieron - quedaron en el olvido hasta el final de la dictadura.