Ficción televisiva y pensamiento narrativo
Cristina Peña-Marín
Hoy es un tópico el contraponer los medios escritos a los visuales, la mediación lineal, abstracta, impersonal, desencarnada y distanciada de la prensa con la comunicación aural, gestual y emocional de los medios visuales (Carpignano, 1999). Ciertamente, interesa comprender las diferencias entre estas dos formas de comunicación, pero también discutir el supuesto de que el conocimiento racional y la transmisión de saberes sólo se realizan a través del libro y los medios escritos, mientras los medios audiovisuales sirven únicamente para el entretenimiento, cuando no se les acusa de embrutecer a las audiencias jóvenes, entorpecer su capacidad de razonamiento lógico, dificultar su habilidad para distinguir entre realidad y ficción o engaño, etc.
Contestando a las voces apocalípticas que anuncian la desaparición del libro y la destrucción de las competencias para la inteligencia racional atribuída a los medios audiovisuales, Martín Barbero y Rey sostienen que es la escuela la que debe ser pensada de nuevo, pues los medios audiovisuales han cambiado los hábitos de aprendizaje y comunicación de los estudiantes, distribuyendo conocimientos e información de una forma muy diferente a la secuencial, lógica y linealmente progresiva característica de la cultura del libro y de la educación escolar, tal como hasta ahora la conocemos. En las escuelas, institutos y facultades se vive dia a dia el conflicto entre la que estos autores llaman "cultura del libro" y la "otra cultura" que emerge del ecosistema comunicativo actual: otro modo de ver y de leer, de aprender y conocer que desafía tanto la lógica lineal como la disciplina del sistema educativo tradicional, el cual se encuentra actualmente a la defensiva ante la diversificación y dispersión del saber en el entorno prolífico y descentrado de imágenes, informaciones y saberes que conforman los medios (Martín-Barbero y Rey, 1999, págs.42-45). Por otra parte, las audiencias de hoy, que obligatoriamente pasan largos años en la escuela, lean poco o mucho, están formadas en ambas culturas, la del libro, obligada, y la de la pantalla, voluntaria.
Para discutir estas cuestiones y reflexionar sobre la función de los relatos como instrumento de conocimiento y medio de transmisión de saberes sociales, me voy a referir a las narraciones seriadas en la televisión como un tipo de texto que incorpora de forma peculiar a sus receptores, así como a la forma en que un sector de la audiencia las recibe e interpreta. Se trata de adolescentes de 16 años, alumnas de un instituto nacional del barrio de Entrevías de Madrid, sobre las que Cristina Vega y yo misma realizamos un estudio etnográfico para un video documental (Peñamarín y Vega, 1999).
Las encuestas que realizamos entre chicas de 15 a 17 años mostraron que, si bien el tiempo que se dedica a ver la televisión y los programas que se eligen varían, la gran mayoría de estas chicas no dejaba de ver, casi con total fidelidad, la serie semanal Compañeros (de la emisora privada Antena 3, en horario de noche), a la que seguía en popularidad la serie diaria Al salir de clase (de la emisora, también privada, Tele 5, en horario de sobremesa). Algunas chicas ven varias horas al dia, otras pocas horas a la semana, pero todas coinciden en su afición por estas dos series protagonizadas por un grupo de adolescentes y ambientadas en un centro de enseñanza en la actualidad, es decir, en un mundo descrito como muy similar al de sus audiencias.
Se trata del tipo de serie cuya trama, o tramas narrativas abiertas se continúan de un episodio a otro -a diferencia de las series televisivas compuestas por capítulos narrativamente cerrados. Pero la preferencia de las jóvenes por estas series sobre otras de estructura similarmente abierta está relacionada con el hecho de que les presenta un entorno, unos personajes y tipo de problemas que les son familiares. La familiaridad es una dimensión propia de la experiencia de ser expectador de televisión, una ventana abierta al mundo que demuestra que las audiencias de hoy además de asomarse a lo desconocido a través de esta ventana, aprecian su capacidad de mantenerles en contacto con lo ya conocido, lo familiar, los personajes populares (cuya fama cultivan las propias cadenas de televisión) y los avatares que pueden juzgar desde sus criterios comunes, lo que ha merecido que se piense la televisión desde la metáfora del espejo. A la pregunta de qué os gusta de estas series (Compañeros y Al salir de clase), una chica (G1) contestó:
V: que aquí este grupo más o menos es igual. Nos parecemos que te c... Siempre los mismos líos. A lo mejor, pues que si uno se enrolla con una y deja a la otra, pues aquí pasa. Es igual.
Sin embargo, el contacto y la familiaridad son sólo uno de los factores, dentro de una dinámica de conocimiento y reflexividad que se produce a partir de las ficciones televisivas y que es iluminada más productivamente por la metáfora del modelo.
El pensamiento narrativo
La narración seriada en televisión
Recepción y elaboración de la ficción televisiva
Bibliografía
Utilizando como mediador al instituto y al profesor que dirige las prácticas de comunicación audiovisual, realizamos encuestas en cinco grupos de unas 12 chicas estudiantes entre los 15 y los 17 años sobre su relación con la televisión -una en el I.N.B. Octavio Paz de Leganés y el resto en el I.N.B. Arcipreste de Hita de Entrevías, ambos en el sur de Madrid. Seleccionamos de ellas dos grupos compuestos uno (G1) por dos y otro (G2) por tres amigas, todas de 16 años, a las que entrevistamos en profundidad, primero con una grabadora de sonido y luego con una pequeña cámara de video. Con el grupo 2, además, vimos un episodio de la serie "Compañeros", las acompañamos en varias ocasiones en sus recorridos por el barrio y sus alrededores, de compras por el centro de Madrid, un sábado a una discoteca y finalmente les proyectamos y comentamos con ellas algunas secuencias de las grabaciones que les habíamos hecho en video, todo lo cual fue registrado y editado como video documental (Peñamarín y Vega, 1999). Seleccionamos dos grupos de amigas por el interés que tenían para la investigación las relaciones de amistad, tema central de sus series televisivas favoritas.