BIOGRAFÍA
PLATÓN: UN COLOSO ENTRE RUINAS*
No cabe duda de que Platón
es uno de los pensadores más influyentes en la historia del pensamiento
occidental. En los últimos dos siglos su influencia no ha hecho
sino aumentar, hasta el punto de que su filosofía en general y su
teoría política en particular se han encontrado en el centro
de enconados debates a partir de los años treinta del pasado siglo.
Probablemente no sea ajeno a esta situación el hecho de que la obra
de Platón sea el primer testimonio de la filosofía griega
que ha llegado hasta nosotros. La conservación de todas sus obras
y de numerosos escritos apócrifos están directamente relacionados
con la importancia que tuvo su pensamiento en la Antigüedad. Esto
es así porque la filosofía de Platón tuvo en todo
momento una finalidad eminentemente práctica, contrariamente a lo
que la imagen del filósofo que se ha impuesto en las últimas
décadas podría llevar a suponer.
LA BIOGRAFÍA DE PLATÓN:
ENTRE MITO Y REALIDAD
Poco es lo que se sabe de manera
fehaciente de la vida de Platón. Las biografías que nos ha
legado la Antigüedad tejen de manera arbitraria la realidad y la ficción.
Todas subrayan el carácter supuestamente extraordinario del aristócrata
ateniense y destacan las pruebas a las que lo sometió su azaroso
destino. Todas ellas tienen, quizás, una intención común:
mostrar la importancia del conocimiento filosófico para afrontar
los avatares de la vida. La creación de un mito Platón se
vislumbra ya en la misma fecha de nacimento que se ha transmitido. Sin
duda, el siete del mes de targelión (mayo), en el que algunas fuentes
colocan el día de su nacimiento y de su muerte, ha sido fraguado
para hacerlo coincidir con el aniversario del nacimiento de Apolo en el
calendario religioso de Atenas. El año ha sido posiblemente el 429
a. C. y su muerte se produjo aproximadamente en el 348/347 a.C. Es muy
difícil establecer fechas exactas, puesto que todas ellas han sido
retocadas para acentuar el carácter providencial de la figura del
filósofo. Lo más correcto sería afirmar que vivió
entre los primeros años de la guerra del Peloponeso y la década
anterior a la caída de los estados griegos en la esfera de influencia
de Macedonia en la batalla de Queronea.
Platón nació en el
seno de una familia aristocrática y conservadora que tenía
vínculos estrechos con los treinta tiranos que en 404/403 a. C.
instauraron un régimen oligárquico en Atenas. De su formación
se posee la noticia, conservada por Aristóteles en el primer libro
de la Metafísica (987a32 ss.), según la cual fue alumno
del filósofo heracliteano Crátilo antes de pertenecer al
círculo de Sócrates, al que se unió cuando había
superado apenas los veinte años (408 a. C. aproximadamente). Sócrates
tuvo, sin lugar a dudas, una influencia decisiva en su pensamiento. La
condena a muerte del maestro por la democracia restaurada (399 a.C.) empuja
al exilio a Platón, que se refugia en Megara, donde lo acogen Euclides
y Terpsión, antiguos alumnos de Sócrates mencionados en el Fedón (59c)
y fundadores de la escuela megárica.
En los años que siguen es
más difícil desentrañar la relación entre mito
y realidad en su biografía. Lo único que parece ser cierto
es que emprendió largos viajes que lo pueden haber llevado hasta
Egipto y que, con seguridad, lo hicieron llegar a la Magna Grecia (Sur
de Italia y Sicilia). Es un período en el que es verosímil
que alcanzara los conocimientos que le permitieron madurar su formación
filosófica: se familiariza con las doctrinas de los megáricos,
los cirenaicos y los pitagóricos. Si es verdad que estuvo en Egipto,
es probable que también haya alcanzado algún conocimiento,
aunque superficial, de la ciencia de ese pueblo. Su amistad con el pitagórico
Arquitas de Tarento le permitió profundizar en la filosofía
de la escuela pitagórica. Su periplo finaliza en Siracusa, adonde
va desde Tarento, invitado por el tirano Dionisio I. Llega a Sicilia cuando
frisaba los cuarenta años (390/388 a.C.). El cuñado del tirano,
Dion, proyectaba instaurar en Siracusa un gobierno filosófico, para
lo cual habvía solicitado el apoyo de Platón. Estos planes
encuentran rápidamente la oposición del tirano que apresa
a su huésped y, según cuenta la historia, lo entrega para
que sea vendido como esclavo en el mercado de Egina, ciudad que se encontraba
en guerra con los atenienses. Reconocido por un rico ciudadano de Cirene,
es rescatado y devuelto a Atenas (entre el 388 y el 385 a. C. ). Tenía
entre cuarenta y cuarenta y cinco años.
Es difícil comprobar la veracidad
de esta parte de la biografía de Platón, en especial porque
no parece haber influido de manera determinante en su idea de reformar
la polis y en la posibilidad de convencer a un tirano. Al poco tiempo de
retornar a Atenas funda la Academia. La Academia, más que una escuela,
es una comunidad con principios inspirados en los pitagóricos y
con una fuerte vertiente religiosa: legalmente era una comunidad cultual
dedicada a las Musas y en la que se practicaban la investigación
y la educación filosóficas. Poco es lo que realmente se sabe
acerca de la forma en que funcionaba este centro. Puede ser que haya contado
con una colección de obras filosóficas, científicas
y jurídicas. En ella había diferentes maestros, además
del cabeza de la escuela. No se sabe realmente qué se enseñaba
ni cómo se impartían los contenidos, aunque no es inverosímil
que existiera un estricto ordenamiento jerárquico en el que tanto
los maestros como los alumnos se encontraran organizados según su
capacidad y su grado de iniciación.
Tras la muerte de Dionisio I, Platón
regresa a Siracusa invitado por su sucesor Dionisio II (366 a.C.). Su vuelta
coincide con el aumento de la influencia de Dion en la corte siracusana.
El nuevo intento de poner en práctica sus ideas políticofilosóficas
termina también en un fracaso. Dionisio II le permite retornar a
Atenas bajo la promesa de volver a Siracusa cuando el tirano se lo solicitase.
Esto sucede en el 361 a. C., fecha del último viaje a Sicila. Una
vez en la isla, Dionisio se niega a cumplir sus promesas y Platón
es encerrado. La mediación de Arquitas de Tarento logra su libertad.
En el 360 retorna a su ciudad natal. La posición de Platón
y su aliado Dion puede despertar razonables suspicacias. De hecho, este
último organiza una expedición en el 357 de la que participan
miembros de la Academia y que termina con el derrocamiento de Dionisio
II. No obstante, tres años después, Dion es asesinado por
uno de los alumnos de Platón que habían tomado parte en la
expedición y la situación en Siracusa desemboca en el caos.
Platón se limita a aconsejar a los partidarios de Dion cuando recuperan
el poder en la ciudad. Sus últimos años están dedicados
fundamentalmente a la investigación filosófica, lejos, aparentemente,
de la política práctica.
* Este artículo está
basado en la introducción al Fedón del profesor Francisco
L. Lisi Bereterbide, editada por Tecnos, Madrid, 2002.
ESTILO
Platón fue el creador de un
nuevo género, el diálogo, que combina un estilo literario
altamente poético con elementos dramáticos en forma de conversación
entre Sócrates (figura que sería posteriormente sustituida
por un viajante extranjero) y uno o más interlocutores. El contenido
de tales diálogos es una teoría política y filosófica
propia, cuyos elementos principales son la superioridad moral de la virtud,
la identificación del vicio con la ignorancia, la inmortalidad del
alma, la idea pitagórica de la reencarnación, el interés
por la paideia o educación de los jóvenes y el proyecto
de un Estado gobernado por filósofos. Pero el punto fundamental
de Platón es su teoría de las ideas, según la cual
el mundo sensible depende de un mundo trascendente y superior, que es el
auténtico. Para introducir estos conceptos se sirve de un método
crítico de carácter científico que se expresa mediante
la mayéutica, es decir, el empleo de preguntas y respuestas
que garantizan una correcta argumentación a cada paso. Este es un
sistema que pretende diferenciarse de los discursos sofísticos,
aunque comparte con ellos muchos aspectos retóricos. El tono que
emplea Sócrates en los diálogos platónicos es irónico.
La ironía en su significado etimológico quiere decir
autodesprecio o cuestionamiento del propio conocimiento y, por extensión,
de las ideas de los otros, contraponiendo la doxa (opinión
falsa preconcebida) con la alétheia (conocimiento verdadero).
De ahí la famosa máxima socrática "sólo se
que no se nada". Se trata de una filosofía firmemente anclada en
la experiencia, contrariamente a lo que podría parecer, porque si
bien se sustenta en generalizaciones, éstas están ilustradas
con ejemplos de la vida cotidiana. Los dos elementos del diálogo
platónico son el logos y el mithos, de los que el
primero representa la doctrina racional y filosófica que pretende
educar a los ciudadanos mientras que el segundo aparece como una historia
de inspiración mitológica que ejemplifica el discurso y habla
al pathos, la parte irracional y simbólica del hombre.
Como autor literario, Platón
demuestra un dominio asombroso de la lengua griega, que maneja con gran
elegancia aunque también empleando palabras sencillas, fácilmente
comprensibles, con profusión de metáforas y símiles,
que se fue haciendo cada vez más artificioso a medida que envejecía
su autor. Esto ha llevado a los expertos a clasificar los diálogos
en tres grupos en base a un criterio cronológico: los primeros diálogos
(i), conocidos también como aporéticos, tratan de definir
alguna cualidad humana como la virtud o el valor, sin llegar a conseguirlo
totalmente, pero logrando desenmascarar las preconcepciones falsas que
se interponen entre el hombre y la realidad de las ideas. Esto es lo que
significa la aporía, el fracaso a la hora de responder a la pregunta
formulada, un callejón sin salida. Los diálogos intermedios
(ii), que constituyen la cima estilística de Platón, presentan
los mitos más elaborados y sitúan la acción en escenarios
vívidamente descritos. Este es el influjo de la técnica dramática
de la tragedia que mencionábamos más arriba. Finalmente,
los últimos diálogos (iii) son mayoritariamente considerados
por la crítica como mediocres en cuanto a la técnica literaria,
presentan una estructuración excesivamente estudiada de palabras
y frases cercana al amaneramiento, y renuncia progresivamente a los elementos
dramáticos en virtud del contenido político y filosófico.
Según ciertos intérpretes
la doctrina platónica es esotérica, esto es, que entre las
ideas propugnadas en los diálogos hay falacias, puestas intencionalmente
a fin de que los alumnos de la Academia las detectasen. Serían pues,
algo así como ejercicios prácticos para las clases, en los
que no se encontraría lo principal de la doctrina platónica,
que se comunicaba exclusivamente de forma oral a aquellos iniciados que
estuvieran preparados para recibirla.
OBRAS
(i)
Apología (Defensa
de Sócrates)
Gorgias
Fedón
Banquete
Ión
Laques
Critón
Cármides
Eutifrón
Hipias menor
Protágoras
Lisis
Crátilo
Menón
Eutidemo
Menéxeno
República
(ii)
Parménides
Fedro
Teeteto
(iii)
El Sofista
El Político
Timeo
Critias
Filebo
Leyes
Dudosos (?)
Hipias mayor
Alcibíades I
Clitofón
Epínomis