BIOGRAFÍA
(120-190 d.C)
Nació en Samosata, una ciudad
aramea cercana al Éufrates, y su carrera de sofista le llevó
a realizar constantes viajes por la zona de Jonia, Antioquia, Italia, la
Galia, Acaya, Macedonia y Tracia, aunque pasó la mayor parte de
su vida en Atenas. También visitó Roma. Aunque su idioma
materno era el arameo, aprendió el griego hasta conseguir dominarlo.
Durante su infancia trabajó en el taller de un escultor, hasta que
un accidente le hizo cambiar su vocación, eligiendo entonces un
trabajo menos peligroso, el de orador. Viajó junto con su familia
y su padre a Amestris durante las guerras partas. Esta forma de vida ambulante
tiene su explicación en el tipo de servicios que ofrecía:
como retórico, compositor de sátiras y divertidos relatos,
practicaba su oficio allí donde era requerido, cortes de nobles
y teatros principalmente. Así llegó a conocer a personajes
importantes de su época y se rodeó de un círculo de
aduladores. Antes del 165 d.C. asistió a tres festivales olímpicos,
siendo testigo de la muerte del cínico Peregrino, quien se
autoinmoló en público, uno de los acontecimientos más
comentados del momento. Durante su estancia en Roma, hacia el 159 d.C,
conoció al filósofo Nigrino, momento en el que abandona la
retórica para dedicarse a escribir diálogos, si bien su acercamiento
a la filosofía no pasó de ser un coqueteo. Luciano representa
el escepticismo radical y el declive de la cultura ática, incapaz
de insertarse completamente en ningún sistema filosófico.
Ya en la vejez, obtuvo un puesto
en la cancillería del prefecto en Egipto, del 171 al 175. No tenemos
datos ciertos acerca de su muerte, que debió ser hacia el 190 d.C.,
pero una mención en el texto bizantino conocido como la Suda se nos dice que murió devorado por perros y que su destino final
fue arder por toda la eternidad en las llamas del infierno por haber hecho
escarnio del nombre de Jesucristo. Este último dato, aunque no inspira
demasiada confianza en cuanto a su credibilidad, nos da una idea de hasta
qué punto fue polémica la figura de Luciano, un hombre siempre
dispuesto a ejercitar su ingenio mediante el sarcasmo y la burla.
ESTILO
Autor satírico poseedor de
un gran ingenio y una visión irreverente de la sociedad y la religión,
Luciano comienza en la línea de la retórica aticista, de
la que se va distanciando paulatinamente. Muestra un particular interés
por la figura del filósofo cínico, que en algunos de sus
diálogos se encara con las divinidades para recriminarles sus debilidades
e incluso, en un alarde de ingenio literario, cuestionar su existencia
y su poder real sobre los hombres. Ridiculiza las convenciones de los clásicos,
llegando a hacer blanco de su humor el lenguaje altisonante de Homero,
trata sin tapujos la conducta homosexual y pone de relieve las debilidades
de tiranos y filósofos por igual. El estilo retórico que
emplea se acerca más a la vertiente epidíctica, es decir,
un formato literario en el que se da mayor relevancia al estilo que al
contenido. Así por ejemplo, en su Elogio de la mosca despliega
sus dotes argumentativas tomando un objeto tan vanal como este insecto.
Habitualmente se divide la creación literaria de Luciano en dos
estadios, uno inicial, retórico, en el que se ceñiría
a lo aprendido en las escuelas de sofística, y un segundo momento,
a partir de los cuarenta años, en que comienza a escribir diálogos.
Otra característica fundamental de nuestro autor es la fantasía
desbordante que demuestra en la creación de escenarios y personajes:
Babilonia, el Olimpo y el Hades son empleados como telón de fondo
de sus diálogos satíricos, con una perspectiva plástica
que denota gran libertad creativa. Luciano es ante todo un contador de
historias, cuyo propósito es siempre un alegato contra la injusticia
social, pero también cumple el objetivo de divertir y entretener
a su público, a la manera de la farsa en la ópera moderna,
renueva el género del diálogo y parodia con agudeza los defectos
humanos. Su influencia en la literatura humanística es innegable,
pero también aparece con cierta frecuencia en autores del Siglo
de Oro español, e incluso es citado por Erasmo de Rotterdam.
OBRA
Apócrifos
Libelos
Volver Atrás