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ILÍADA

Resumen

 

  El tema de la Ilíada es un episodio del sitio de Troya- una disputa entre Agamenón, el rey supremo del ejército griego, y Aquiles, su guerrero más importante. Cuando el poema comienza, los griegos están acampados en la costa cerca de Troya, han pasado nueve años y muchas ciudades troyanas fueron conquistadas y saqueadas, pero la capital misma sigue resistiendo. 

  En el libro I, el poeta comienza anunciando el tema (1-7) y luego relata brevemente los acontecimientos que llevaron a la disputa (8-53). El resto del primer libro puede dividirse en cuatro partes, de acuerdo con los cambios de escena: (1) el debate en la Asamblea y la disputa (54-317), (2) en el campamento de Aquiles, la toma de Briseida y la queja de Aquiles a Tetis (318-430), (3) un intervalo de doce días y la devolución de Criseida (430-492), (4) en el Olimpo, el ruego de Tetis para que los griegos sean derrotados y la escena entre Zeus, Hera y Hefesto (493-611). 

  El libro II comienza con una aparente contradicción del primer libro, ya que de Zeus, que según A 611 se fue a la cama y se durmió, ahora se dice que 'el sueño no lo poseía'. La contradicción  surge, probablemente, de la forma directa y no artificial en que se cuenta la historia. El poeta termina su escena en el Olimpo con todos los dioses yendo a dormir, Zeus junto con el resto. Después de una pausa, retoma la historia corrigiéndose y explicando que Zeus no dormía (cf. algo similar  en Odisea XV 4-8). De todas maneras, es evidente que el segundo libro continúa la acción en el punto en que la había dejado el primero, e. d. la caída de la noche en el Olimpo. El libro se divide en tres partes principales: (a) envío del sueño engañoso y convocatoria de la asamblea con la prueba a la que Agamenón somete a los aqueos (1-483), (b) nueva invocación a las musas y el así llamado catálogo  de los aqueos, con una enumeración de todas las fuerzas griegas (484- 785), (c) catálogo de los troyanos (786-877). 

  El incidente principal del libro III es el duelo entre Paris y Menelao. El canto abre con el encuentro de los dos ejércitos en la llanura troyana y el desafío de Paris (1-120). Un mensaje que envía Héctor hace cambiar la escena al interior de la ciudad: primero a la casa de Paris (121-140), luego a la torre sobre la puerta (141-263). Después de la famosa Teicoskopiva, la historia retorna a la llanura para describir cómo se llega a un acuerdo y el duelo que lo sigue (264-382). La huida de Paris del campo de batalla nos lleva una vez más a Troya (383-447), pero en las últimas líneas se resume el tema principal del libro y Agamenón proclama el resultado (la victoria de Menelao (448-461). 

  En el libro IV, concluye el episodio del duelo entre Paris y Menelao y se retoma la acción principal del poema. Según el tratado que se acaba de hacer, la victoria de Menelao debería haber significado el fin de la guerra, pero lo impide la interferencia de los dioses que inducen a Pándaro, el maravilloso arquero troyano, a arrojarle una flecha a Menelao y herirlo (1-219). Este acto traicionero hace que ambos bandos se preparen para una nueva batalla. Agamenón pasa revista a las líneas griegas alentando y criticando (220-421). Los ejércitos se enfrentan y se describen los primeros combates (422-544). 

  El libro V presenta el primer ejemplo y el más notable de una de las características de la Ilíada: centrar todo el interés de la acción en  algún guerrero de tal manera que se describen en detalle sus hazañas y se relegan todos los demás a un segundo plano. Este libro con (por lo menos) la primera mitad del sexto celebran las gestas de Diomedes. En términos técnicos se trata de su aristeia. Un lugar similar ocupan en el canto XI Agamenón; en el XVI, Patroclo, en el XVII, Menelao. 
 

  Los sucesos principales del libro son los siguientes. Diomedes toma el lugar principal y persigue a los troyanos cuando lo hiere Pándaro con una flecha (1-105), pero retorna al campo de batalla con nuevas fuerzas alentado por Atenea (106-165). Lo atacan a la vez Eneas y Pándaro. Mata a Pándaro y hiere a Eneas con una piedra. Afrodita, que llega a rescatar a Eneas, es herida por Diomedes y vuela huyendo al Olimpo (166-430). Apolo y Ares acuden en ayuda de los troyanos. Tras un reproche de Sarpedón, Héctor reúne sus fuerzas y Diomedes debe retroceder (431-626). Sarpedón mata a Tlepolemo, pero a su vez recibe una herida (627-710): Atenea reprende a Diomedes y, con ella, él ataca y hiere a Ares (711-863). Ares vuela al Olimpo y los otros dioses dejan el campo de batalla (864-969). 

  Como ya dijera, el libro VI no está separado del quinto por ninguna ruptura apreciable en la narración, difícilmente podría ponerse un punto entre los dos. Su estructura es la siguiente. Después de algunos combates sin importancia en los que figuran la mayoría de los jefes griegos (1-72), Heleno aconseja a Héctor que retorne a la ciudad y le pida a su madre Hécuba y a las otras matronas que ofrenden un peplo a Atenea, con una plegaria para que los libere de la mano de Diomedes (73-118). Durante la ausencia de Héctor de la batalla sucede el episodio del duelo entre Diomedes y Glauco (119-236). Héctor da su mensaje y se eleva la plegaria solemne contra Diomedes (237-311). 
  

   Héctor va luego a la casa de Paris y lo urge a que retorne al campo de batalla. Helena se pronuncia en el mismo sentido y lamenta la desgracia y la miseria en la que ha caído (312-369). Héctor se dirige a su propia casa y de allí a la torre en la puerta de la ciudad, adonde había oído que se había dirigido Andrómaca con su hijo. Allí se despide de ella en la famosa escena que da el título a este libro (El encuentro de Héctor y Andrómaca) y retorna con Paris al campo de batalla (370-529). 

  En el libro VII, llega a su fin con un duelo entre Héctor y Ayante el largo día de debate y batallas que había comenzado en el segundo libro (1-312). Los troyanos ofrecen devolver los bienes que Paris había traído con Helena y proponen una tregua para  enterrar los muertos (313-397). Los griegos aceptan la tregua y levantan un túmulo sobre sus muertos. Además, fortifican su campamento con un terraplén y un foso (398-482). 

  Con el libro VIII, la historia de la Ilíada entra en un nuevo estadio, marcado por la intervención directa de Zeus. Hasta ahora, no había tomado ninguna iniciativa tendente a cumplir la promesa que le había hecho a Tetis, aparte de enviar el sueño que llevó al ejército griego nuevamente al campo de batalla. Los otros dioses, por el contrario, habían tenido participación activa ayudando a sus favoritos sin llegar a un resultado definitivo. Zeus les prohíbe ahora socorrer a cualquiera de las partes y él mismo baja al Monte Ida para asegurar la victoria de los troyanos (1-52). Arroja sus rayos a los griegos y hace que huyan ante Héctor. Diomedes resiste, pero tiene que ceder ante el trueno (53-197). Cuando los griegos son empujados a su nuevo terraplén, Zeus ceja por un momento y ellos se detienen. Teucro rinde buenos servicios con sus flechas, hasta que Héctor lo golpea con una piedra y, una vez más, los troyanos acosan las líneas griegas. (198-349). Entonces, dos diosas, Hera y Atenea, intentan ir en rescate de los griegos, pero Zeus las llama (350-483). Finalmente, la noche interrumpe la batalla y los troyanos acampan en el campo de batalla (484-585). 

  El tema del libro IX, denominado antiguamente Embajada o Ruego, es el intento que hace Agamenón por calmar la ira de Aquiles. Le ofrece renunciar a Briseida, agregar muchos regalos espléndidos y convertir a Aquiles en su cuñado después de la guerra, así como en gobernante de siete ciudades en el Peloponeso. 

  La narración es simple. Los griegos se salvaron de la destrucción sólo por la llegada súbita de la oscuridad (VIII 500) y se encuentran en un estado de pánico (1-18). Agamenón reúne la Asamblea lo más silenciosamente posible y propone la huida (9-28). Diomedes reprende su cobardía con palabras vigorosas. Néstor lo apoya y le aconseja a Agamenón tener una reunión de consejo en su tienda (29-88). En el consejo, a instancias de Néstor, Agamenón hace su propuesta de reconciliación y se envía una embajada a Aquiles (89-181). Luego sigue la escena en la tienda de Aquiles que ocupa la parte principal del libro(182-668), seguida por la corta escena en la que los enviados informan del fracaso de sus intentos (669-713). 

  El libro X, titulado Doloneia, forma un episodio independiente dentro de la Ilíada. Durante la noche que sigue a la embajada frustrada, Diomedes y Ulises salen a reconocer la posición del campamento enemigo (1-298). Del espía Dolón, que había sido enviado por Héctor con un propósito similar, oyen de la reciente llegada del rey tracio Reso, cuyos caballos y armadura son de una belleza más que mortal (299-464). Matan a Reso y a muchos de sus seguidores y conducen los caballos al campamento griego (465-579). 

   El libro XI comienza el último de los tres grandes días de batallas que ponen a prueba la habilidad de los griegos para luchar sin Aquiles. Relata la primera parte de la batalla que es decisiva para el resultado. Los campeones del lado griego- Agamenón, Diomedes, Ulises - junto a héroes de segundo rango (Majaonte y Eurípilo) son heridos y obligados a abandonar el campo de batalla. Después de esto, la fortuna cambiante de los cuatro libros siguientes sólo servirá para retrasar la catástrofe inevitable. 

  El libro lleva el título de Aristeia de Agamenón, una descripción que se aplica estrictamente a los primeros 283 versos. El profundo desánimo manifestado por Agamenón en los dos libros precedentes desaparece ahora y por un momento es el único guerrero irresistible. El ejército griego, que al final del libro octavo había sido empujado al interior de su nueva fortificación, sale ahora al exterior (45-55). Los troyanos se encuentran en el terreno en el que habían acampado. Durante la batalla deben retroceder hasta las puertas Esceas (67-180). Zeus advierte a Héctor que se retire hasta que vea a Agamenón dejar el campo de batalla (181-217). Agamenón mata varios troyanos, pero finalmente es herido y se retira a las naves (218-283), Héctor retorna entonces al frente de batalla, pero es expulsado por Diomedes (284-367). Paris hiere a Diomedes de un flechazo (368-400). Ulises es dejado sólo y es herido: Menelao y Ayante acuden a su llamado y Odiseo huye a las naves (401-488). En el ala izquierda de la batalla, mientras tanto, Héctor ha estado combatiendo a orillas del Escamandro, enfrentándose a Néstor e Idomeneo. En ese momento Paris hiere a Majaonte, que retorna a las naves con Néstor (489-520). Héctor, después de realizar grandes hazañas en la misma ala de la batalla, cruza para oponerse a Ayante, que se retira lentamente (521-574). Eurípilo, que viene en su ayuda, recibe una herida de Paris (575-595). 

  La escena entonces cambia al campamento. Néstor y Macaonte están retornando, cuando Aquiles los ve y envía a Patroclo a preguntar quién es el hombre herido (596-654). Néstor contesta a Patroclo en un largo discurso (655-803), en el que relata una historia de su destreza juvenil (670-762). Termina aconsejando a Patroclo que suplique a Aquiles que, si él no quiere acudir en persona, al menos envíe a Patroclo y los mirmidones (763-803). Al retornar, Patroclo se encuentra con Eurípilo herido y se convence de que se tiene que quedar con él y curar su herida (804-848). 

  El libro XII, llamado Lucha junto a la muralla,  relata el asalto exitoso que hacen los troyanos a la muralla y el foso del campamento griego. La narración es simple. Después de que Héctor y los líderes troyanos intentaran en vano llevar sus caballos a través del foso (40-60), Polidamante les aconseja dejar sus carros y atacar a pie, lo que hacen en cinco divisiones (60-107). Sólo Asio se mantiene en su carro e intenta pasar la puerta del campamento. Los lapitas, Leonteo y Polipoeta que defienden el campamento, le salen al encuentro (108-194). Héctor y sus seguidores, a pesar del augurio de un águila que lleva una serpiente entre sus garras, intentan romper la muralla (155-289), pero el ataque decisivo lo comanda Sarpedón, con Glauco y los licios (290-330). Menesteo, que está cerca de la parte de la muralla que intentan atacar, manda a buscar a Ayante que acude con Teucro en su ayuda (331-377). Glauco es herido, mas Sarpedón sigue acosando con sus Licios, pero el resultado es incierto, hasta que aparece Héctor en escena (378-438), que toma una gran piedra, rompe la puerta y conduce a sus guerreros dentro del campo aqueo (439-471). 

   La narración del libro XIII y los dos siguientes tiene por tema incidentes que detienen el curso principal de los acontecimientos en el poema, o más bien se vuelven en una dirección opuesta. La intervención de Zeus, la única que puede tener como efecto la prometida humillación de los griegos, se suplanta y las acciones de otros dioses, principalmente la de Poseidón, restauran la superioridad natural de los griegos sobre los troyanos. Cuando Zeus reacciona ante la nueva situación, el campo perdido por los troyanos debe recobrarse gradualmente. De este modo, la catástrofe que se cernía sobre los griegos al final del duodécimo libro sigue cerniéndose sobre ellos cuando finaliza el décimo quinto. 

  El libro XIII era conocido antiguamente bajo el título de Batalla en las naves. Estas palabras describirían en realidad todo el episodio que tiene lugar en los tres libros, pero como los libros XIV y XV recibieron otros nombres, el título se limitó al libro XIII. La narración de los acontecimientos del libro es la siguiente: 

Zeus aparta sus ojos  de la batalla y Poseidón acude en ayuda de los griegos. Da ánimos a los dos Ayantes, luego a otros héroes. Los griegos detienen el avance de los troyanos guiados por Héctor (1-205). Idomeneo se convierte en la figura principal con Meriones como su qeravpwn. Ambos héroes se desplazan al ala izquierda, donde más se los necesita (206-344). El poeta hace aquí una pausa para permanecer en el espectáculo de los dos ejércitos empujadas hacia adelante por los dos grandes 'hijos de Cronos', Zeus y Poseidón (345-360). Luego sigue lo que se podría denominar la aristía de Idomeneo. Mata a varios guerreros de rango inferior - Otrioneo, Asio, Alcato. Sobre el cuerpo de este último se desata un combate general en el que Idomeneo se enfrenta a Eneas. Finalmente, se retira, cansado pero no abatido, y deja la batalla a héroes más jóvenes (361-525). Se lo llevan Meriones, Antíloco y (especialmente) Menelao (526-672). 


  La escena pasa nuevamente al centro, donde Héctor sigue impulsando al ataque mientras el Ayante telamonio y el lócrida mantienen la defensa apoyados por contingentes de Beocia, Ática, Lócride y Eftía. Los troyanos están a punto de ceder. Por consejo de Polidamante, Héctor va al ala izquierda, donde encuentra a Paris solo llevando el peso de la lucha. Los dos hermanos se apresuran a ir al centro y Héctor es desafiado por Ayante. 

  El libro XIV se titula El fraude a Zeus por el artilugio con el que se asegura durante un poco más de tiempo la ayuda de Poseidón a los griegos y se pospone un poco más el momento crítico. El agente en este último esfuerzo es Hera. La historia se desarrolla de la siguiente manera: 

  El súbito ruido de la batalla es oído por Néstor que todavía se encuentra con Macaonte y también por los tres jefes heridos, Agamenón, Ulises y Diomedes. Salen de sus tiendas y resuelven hacer lo que puedan a pesar de sus heridas para incitar a los guerreros y dirigir la defensa. Poseidón da ánimos a Agamenón y al resto del ejército (1-152). 

  En ese momento Hera resuelve una nueva estratagema. Se hace del cinturón mágico de Afrodita, obtiene la ayuda de  [Hypnos y engaña a Zeus haciéndolo dormir en el monte Ida (153-353).  Cuando Poseidón se entera, da nuevos bríos a los griegos que, guiados por los reyes heridos, se arman nuevamente para la batalla final. Héctor, al encontrarse con Ayante, recibe una pedrada de éste que lo echa al suelo y lo obliga a retirarse. Los troyanos retroceden a través del terraplén (354-522). 

  En el libro XV, la reacción de los griegos tiene un final abrupto. Rápidamente se reconstituye la posición de los ejércitos tal como estaba antes de la interferencia de Poseidón. Finalmente, los troyanos avanzan hasta los barcos griegos y ponen fuego a uno. Así se alcanza el momento decisivo que hará volver a la lucha a Patroclo. 

  El esquema general de la acción es simple. Comienza con escenas sobre el Ida y el Olimpo que nos muestran a los dioses sometiéndose de muy mala gana a la voluntad de Zeus. El resto del libro traza el progreso gradual del ataque troyano, excepto en el centro del libro, allí el poeta se aparta unos pocos versos para describir a Patroclo acudiendo presuroso a Aquiles para urgirlo a ir en ayuda de los griegos. La digresión sirve para marcar los últimos momentos de la defensa de los griegos y para aliviar la impaciencia con la que estamos esperando la crisis el poema. El argumento es el siguiente: 

Zeus se despierta y al ver la situación, gruñe a Hera y la envía al Olimpo a ordenar a Iris y Apolo que vayan a su encuentro. Ares, al enterarse de la muerte de su hijo Ascálafo, está a punto de bajar a vengarlo, pero Atenea lo retiene (1-148). 
Zeus envía a Iris a Poseidón que se somete (249-219). Luego le encarga a Apolo que le devuelva a Héctor su fuerza y conduzca nuevamente a los griegos al mar. Héctor retorna a la batalla. Los griegos, por consejo de Toante, retroceden: Apolo avanza al frente de los troyanos. Los griegos se preparan para defender las naves, mientras los troyanos atacan con sus carros (220-319). 
Patroclo deja a Eurípilo para volver junto a Aquiles (390-404). 
La batalla queda en suspenso mientras Ayante y Héctor se enfrentan. Teucro ayuda a Ayante con sus flechas, también lo ayudan Menelao y Antíloco. Finalmente, se impone la voluntad de Zeus y los griegos se ven forzados a retroceder hasta la línea externa de las naves (405-652). 
La disputa final se produce dentro del campamento. Ayante salta de una nave a otra, instando a los griegos a defender las tiendas. Héctor se hace fuerte en la nave de Protesilao y ordena que den fuego a los barcos aqueos. Ayante se ve obligado a retroceder a la popa, pero continúa rechazando a los troyanos que intentan poner fuego a la flota (653-746). 


  Con el libro XVI, la historia retorna a su curso principal. Se ha satisfecho completamente la expectación levantada por las vicisitudes y demoras de los libros precedentes. De aquí hasta el final del poema la acción no se ha de interrumpir sensiblemente. El argumento del canto es simple: 

Aquiles le permite a Patroclo acudir en ayuda del ejército griego con los mirmidones, pero le advierte que no persiga demasiado lejos a los troyanos. Entretanto, Ayante ha sido obligado a retroceder y se pone fuego a una nave griega (1-129). Patroclo, vestido con la armadura de Aquiles, cae sobre los troyanos y los hace retroceder de la nave que arde. Después de alguna resistencia los empuja más allá del foso, matando a muchos (130-418). 
El jefe licio Sarpedón acude a socorrerlos. Zeus quiere salvar su vida, pero cede ante Hera y soporta que el destino siga su curso. Patroclo mata a Sarpedón. Apolo cura a su compañero Glauco de la herida que recibiera en la teicomaciva y éste defiende el cuerpo del caído. La batalla que sigue termina con la huida de los troyanos. Zeus ordena a Apolo que envía a Sueño y Muerte a llevar el cuerpo de Sarpedón a su casa en Licia (419-683). 
Patroclo olvida la advertencia de Aquiles y persigue a los troyanos hasta la muralla de la ciudad. Héctor, instado por Apolo, lo ataca. Patroclo mata al auriga de Héctor, Cebriones, sigue un largo combate alrededor de su cuerpo. Finalmente, Apolo desarma a Patroclo y lo matan Euforbo y Héctor (684-857). 


  El libro XVII narra el curso de la batalla que sigue a la caída de Patroclo, hasta el momento en que las noticias del desastre llegan a Aquiles. El tema principal es la disputa acerca del cuerpo de Patroclo que los griegos, aunque habían retrocedido nuevamente hasta las líneas de su campamento, logran recuperar. El antiguo título de este libro, Aristeia de Menelao, es aplicable sólo parcialmente. Menelao alcanza una posición de preeminencia por la acción de muchos jefes importantes, pero Ayante sigue siendo el soporte principal de la defensa. 
 

  Menelao defiende el cuerpo de Patroclo y mata a Euforbo, pero retrocede cuando se aproxima Héctor y llama a Ayante en su ayuda. Héctor se apodera de la armadura y retrocede (1-139). Glauco lo censura, pero él se pone la armadura de Patroclo y exhorta a los aliados troyanos. Ayante y Menelao convocan a los jefes griegos ([140-261). Los troyanos al principio se imponen y se apoderan del cuerpo, pero Ayante los rechaza (262-318). Entonces, Apolo da ánimo a Eneas, asegurándole que Zeus está de parte de los troyanos. Ayante exhorta a los griegos a cerrar filas alrededor del cuerpo. El centro de la batalla está envuelto en niebla (319-399). Aquiles no conoce aún la muerte de Patroclo (400-411), mientras la batalla aún se desarrolla obstinadamente (412-423). Los caballos de Aquiles lloran por la muerte de Patroclo (424-440). Zeus se apiada y promete salvarlos, aunque Héctor ha de terminar el día victorioso (441-455). Automedonte, el auriga, es alcanzado por Alcimedonte. Héctor y Eneas van a atacarlo, pero los griegos llaman en ayuda a Ayante y Menelao. Héctor y Eneas retroceden (456-542). 


  Nuevamente se aviva la lucha por el cuerpo. Atenea baja a dar ánimo a Menelao. Apolo reprende a Héctor. Zeus da entonces la victoria a los troyanos (543-596). Héctor está a punto de matar a Idomeneo. Ayante le ruega a Menelao que busque a Antíloco y lo envíe a anunciarle a Aquiles la muerte de Patroclo y el peligro que corren (597-699). Menelao y Meriones toman el cuerpo de Patroclo y lo quitan del campo de batalla, mientras los Ayantes tienen a raya a los troyanos (700-761). 


  El libro XVII consta de dos partes. La primera consiste principalmente en escenas que sirven para mostrar los efectos que tiene en el espíritu de Aquiles la noticia de que su compañero ha muerto. El segundo relata cómo se reemplaza con una nueva armadura, obra de Hefesto, la que había perdido Patroclo. El argumento se desarrolla de la siguiente manera:

Antíloco trae la nueva de la muerte de Patroclo. Tetis escucha el grito de su hijo y acude con las Nereidas. Le promete obtener una nueva armadura para él (1-147). El cuerpo de Patroclo está a punto de caer en las manos de los troyanos cuando Iris, enviada por Hera, le ordena a Aquiles que vaya y se muestre él mismo en la trinchera (148-238). Hera hace ponerse el sol (239-242). Asamblea de los troyanos. Polidamante les aconseja retirarse a la ciudad (243-414). Lamento de Aquiles sobre el cuerpo de Patroclo (315-355). Diálogo de Zeus y Hera (356-378). Tetis se encuentra con Hefesto que le promete hacer una nueva armadura para Aquiles (369-477). Descripción detallada del escudo (478-617). 

   El tema principal del libro XIX  es la Renuncia a la ira  que Aquiles debe realizar ante la asamblea griega antes de volver a tomar su lugar en sus filas y llevar a cabo la venganza que desea. Hay cuatro escenas divididas de la siguiente manera: 

Tetis le trae sus nuevas armas a Aquiles (1-39) 
Aquiles convoca a los griegos a una asamblea, declara terminada su disputa y exige salir inmediatamente al campo de batalla. Agamenón repite su oferta de dones como expiación. Ulises aconseja no ir a la batalla encolerizado (40-276). Se le llevan los regalos a Aquiles a su tienda. Briseida se lamenta por Patroclo. Aquiles rechaza comida y bebida, pero Atenea le da fuerzas con néctar (277-355). Los griegos se arman y salen. Se describe cómo se arma Aquiles. El caballo Janto presagia su muerte (356-424).

 


  Los tres libros siguientes llegan la acción a su punto culminante. La pena de Aquiles por Patroclo, que los libros anteriores nos habían mostrado en sus efectos sobre la disputa con Agamenón, se traslada ahora a sus hazañas en el campo de batalla. Sale a vengar a su amigo y la lucha termina con la muerte de Héctor. 


  En los acontecimientos que siguen se pueden distinguir tres estadios que corresponden a otros tantos libros: incidentes preliminares en los que Eneas tiene una parte principal (XX), la lucha junto al río y el combate con el dios río mismo (XXI) y el combate final con Héctor (XXII). El argumento del libro XX es como sigue: 

Zeus reúne una asamblea de todos los dioses y les da permiso para tomar parte de la guerra. Los dioses bajan y se ordenan en los distintos campos (1-75). 
Apolo insta a Eneas a un duelo con Aquiles. El dios se retira para contemplar los acontecimientos. Aquiles y Eneas se enfrentan. En el combate que sigue Eneas está a punto de ser matado, pero lo salva Poseidón (75-352). 
Aquiles y Héctor exhortan a sus seguidores. Héctor se retira ante Aquiles (353-380). 
Aquiles mata a muchos troyanos. Héctor intenta vengar la muerte de Polidoro y está a punto de ser matado cuando lo salva Apolo. Aquiles sigue dando rienda suelta a su cólera sin ser detenido (381-503). 

 

  La mayor parte del libro XXI la ocupa la Batalla junto al río, que es el último episodio en la historia de Aquiles antes de su combate final con Héctor. Los incidentes del libro son de un carácter más románticos e implican de una manera más clara agentes sobrenaturales que en cualquier otra parte de la obra. Son los siguientes:

Aquiles persigue a los derrotados troyanos hasta el vado del Escamandro y mata a muchos desafiando al río que los protege. Mata a Licaonte y Asteropeo. El dios río se encoleriza. Al encontrar su corriente obstruida con muerto se levante en un torrente contra Aquiles. Poseidón y Atenea le dan nuevas fuerzas a Aquiles. Escamandro llama al Simois y Aquiles esta a punto de ser arrastrado por las aguas cuando Hera llama a Hefesto para que lo ayude. El fuego de Hefesto vence al torrente. Escamandro se ve forzado a retroceder (1-384). 
Estalla la guerra entre los dioses. Ares ataca a Atenea que lo tumba con una piedra y luego golpea a Afrodita. Poseidón desafía a Apolo, pero éste se niega a combatir. En ese momento ataca Artemis que se queja a Zeus. Finalmente Apolo va a Troya y los otros dioses regresan al Olimpo (385-520) 
Aquiles persigue a los troyanos hasta la ciudad y casi la toma. Pero Apolo le da valor a Agénor a enfrentar su ataque. Entonces el dios mismo toma la forma de Agénor y aparta a Aquiles de la puerta (520-611). 


   Con el libro XXII, llega a su fin el último de los cuatro grandes días de batalla. Los dos campeones más poderosos se enfrentan durante mucho tiempo: la muerte de Héctor priva a los troyanos de toda esperanza de salvación y se cumple la venganza de Aquiles. La marcha de los acontecimientos se hace simple y necesaria. Héctor primero decide detenerse fuera de las puertas Esceas. Luego huye de Aquiles y es perseguido tres veces alrededor de la ciudad. Por último los dioses deciden que su destino no puede seguir siendo retrasado. Atenea lo engaña con la esperanza de socorro y ayuda a Aquiles a matarlo. Aquiles lo despoja de su armadura y arrastra su cuerpo con su carro hasta el campamento.  Este esquema se llena con varios pasajes de diálogo que sirven principalmente para mostrar los caracteres de los dos antagonistas. En vano Príamo y Hécuba desde las murallas de las ciudad instan a Héctora buscar refugio con los otros troyanos (25-97). Él rechaza la idea de alcanzar seguridad retirándose a la ciudad (98-130). Aquiles rechaza fieramente su propuesta de que garantizar los funerales del enemigo caído (248-272). Aquiles vuelve a rechazar con la misma fiereza el favor, cuando vuelve a solicitárselo moribundo(330-366).  Después de su muerte Aquiles ordena a los griegos que retornen para el funeral de Patroclo (377-394). El libro termina con los lamentos de Príamo (405-429), Hécuba (430-436) y Andrómaca (437-515). 


  Los dos libros restantes de la Ilíada forman una especie de epílogo que cuenta los funerales de los dos héroes principales que han caído en el curso del poema, Patroclo, el amigo de Aquiles y Héctor, su gran rival. 

  El libro XXIII describe el funeral de Patroclo y en particular los juegos funerarios, que tienen lugar en su honor. Se divide así en dos partes: 

I. El funeral. Aquiles hace que los Mirmidones desfilen ante el cuerpo y ordena un banquete funerario (1-58). La sombra de Patroclo se le aparece y le pide un rápido funeral (59-110). Traen madera, se coloca el cuerpo sobre la pira, Boreas y Céfiro acuden ante la plegaria deAquiles a hacerla arder (111-225). Al día siguiente se recogen los huesos y se hace un montículo sobre ellos. 
II. Los juegos. Hay 8 competiciones: 1. carrera de carros, largamente descrita (257-652), 2. combate de boxeo (653-699), 3. lucha entre Ayante y Ulises (700-739), 4. carrera a pie-Ayante, el segundo, Ulises, Antíloco (740-797), 5. torneo de lanzas entre Diomedes y Ayante (798-825), 6. lanzamiento de un peso de hierro (826-849), 7. certamen de arco (850-883), 8. lanzamiento de jabalina. Aquiles da el premio sin un certamen a Agamenón (884-897). 


El tema del libro XXIV es el rescate del cuerpo de Héctor y su funeral. la historia se desarrolla así: 

Después de los juegos funerarios, Aquiles continúa ultrajando el cuerpo de Héctor. Los dioses se ofenden y desean que se devuelva el cuerpo para sus funerales. Envían a Tetis que lleva el mensaje a su hijo (1-140). 
Zeus envía Iris a Príamo para que le ordene ir al campamento griego y rescatar el cuerpo. Hécuba intenta en vano impedir que vaya. Príamo dice a sus hijos que preparen un carro y carga el rescate en él. Después de las libaciones debidas y la plegaria, Príamo y su heraldo Ideo salen (141-238). Zeus envía a Hermes para que conduzca a Príamo. El dios aparece en la forma de un soldado mirmidón y lleva a Príamo a través de los centinelas y a Aquiles (329-467). 
Luego sigue la escena en la tienda de Aquiles. Príamo apela a él. Aquiles se apiada y acepta el rescate. Después de colocar el cuerpo de Héctor en el carro urge a Príamo a comer carne y prepara un lugar donde dormir. Príamo le pide una tregua para que tenga lugar el funeral, lo que acepta Aquiles (468-676). 
Hermes vuelve a instar a Príamo a que retorne y lo guía hasta el vado del Escamandro. Allí lo ve en primer lugar Casandra. Los troyanos salen a la puerta a su encuentro. El cuerpo es colocado en un féretro y se llevan a cabo las lamentaciones, dirigidas por Andrómaca, Hécuba y Helena. Luego tiene lugar el funeral (677-804). 

Aquiles 

Aquiles es el héroe más importante de la guerra de Troya. Su madre era Tetis que iba a dar a luz un hijo superior a su padre. Por ello, Zeus nunca intenta mantener relaciones con Tetis. La diosa se casa con el mortal Peleo de quien tiene un hijo, Aquiles. Tetis sumerge a su hijo Aquiles ene el río Estiga para hacerlo invulnerable. Pero no se mojan sus talones porque de ellos los tenía su madre al sumergirlo. 

El niño es educado por el centauro Quironte. Más tarde se disfraza de mujer porque su madre había sabido que su hijo o bien viviría una larga vida y moriría sin gloria o viviría una corta vida y moriría gloriosamente. El disfraz no puede engañar a Odiseo que lo invita a unirse a la expedición de Troya. Aquiles elige morir joven y con gloria. Se convierte en la figura principal de las batallas que siguen, pero también es obcecado y, en ocasiones, un aliado difícil. Se siente insultado porque Agamenón, el jefe supremo de los griegos, iba a recibir mayores honras que él y se niega a luchar incluso después de que los griegos le ruegan tres veces y los troyanos casi los vencen. Aquiles vuelve a la batalla sólo después de que Héctor, el jefe de los troyanos, mata a su compañero Patroclo. Con el retorno de Aquiles al campo de batalla la guerra sufre un vuelco importante. Mata a Héctor el jefe de los troyanos y venga la muerte de Patroclo. También mata a Pentesilea la jefe de las amazonas y a Memnón, el comandante de los etíopes. El héroe parece imparable hasta que Paris lo mata con una flecha guiada por Apolo al talón de Aquiles, su único punto débil. De esta forma, Aquiles muere joven y glorioso pero los griegos están ya en situación de vencer a los troyanos. 

Agamenón 

Agamenón es el hijo de Atreo, el rey de Micenas. Como miembro de la casa de Atreo está condenado a un destino infeliz porque Atreo expulsó a su hermano Tiestes de Micenas y más tarde le sirvió a la mesa la carne de su propio hijo. Este pecado ha de ser vengado por el otro hijo de Tiestes, Egisto que trama con la mujer de Agamenón, Clitemnestra el asesinato del rey a su retorno de Troya. Clitemnestra quiere asesinar a su marido para vengar la muerte de su hija que fue sacrificada para apaciguar a Artemisa que impedía los vientos favorables que debían llevar las naves griegas hacia Troya. En Troya, Agamenón se queda con muchos de los botines de guerra, lo que produce la cólera de Aquiles que se siente engañado e insultado porque le dan menos que a un guerrero inferior. La ira de Aquiles no se aplaca ni siquiera cuando Agamenón intenta reconciliarse ofreciéndole varios regalos. 

Clitemnestra 


En la tragedia de Esquilo Agamenón (v. 277), Clitemnestra exclama: 

"Insultas absolutamente mi inteligencia, como si fuera una joven muchacha". 

Al final de la misma obra: 

"No lo voy a negar, actué de tal manera que no pudo escapar ni evitar la muerte. Una cobertura sin salida, como una red para un pez. La tiré sobre él, una riqueza malvada de vestimenta. Lo golpeé dos veces y mientras gritaba estiró sus piernas allí donde estaba y después de que cayera de asesté un tercer golpe, una ofrenda votiva para el Zeus ectónico, el salvador de los cadáveres" (1380-1387) 


Clitemnestra es en la mitología griega uno de los ejemplos más vívidos del mar. Ella y su amante, Egisto, traman el asesinato de Agamenón cuando el rey retorna a su ciudad, Micenas, al terminar la guerra de Troya.  La Oresteia, el nombre con el que se conocen las tres tragedias de Esquilo dedicadas al tema, relata la historia del asesinato y la venganza que se toma Orestes más tarde en su propia madre. 

El asesinato 

Clitemnestra conduce a Agamenón al interior del palacio. Una vez dentro le arroja encima una red y lo asesina con un hacha  (a menudo se la representa como una asesina con hacha y más tarde se la describe como un monstruo, puede, por ejemplo, despertar a las furias). El vengar a los muertos es un tema recurrente en la mitología griega. La venganza de Orestes, que implica el asesinato de su progenitora y, por tanto debería ser castigada, es perdonada por Atenea. Clitemnestra aduce que su acto vengaba la muerte de su hija Ifigenia. Aunque esto parece plausible y razonable a la mentalidad moderna, no lo era así para los griegos. Ifigenia era tan sólo una niña y Agamenón era un rey y un héroe. su muerte perturbó el sistema de gobierno de la ciudad. De la misma manera que a Apolo no le estaba permitido vengar la muerte de su hijo Asclepio atacando a Zeus, Clitemnestra no podía asesinar al rey de Micenas. Se extralimita al intentar interpretar las leyes sociales a su manera, por ello se convierte en una mujer despreciada y castigada. A menudo se la compara con Penélope. 
 
 

[Texto en Griego]

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