LA CUESTIÓN HOMÉRICA
Con el nombre de Homero se han transmitido
dos grandes poemas épicos, la Ilíada y la Odisea,
así como una colección de himnos. Esta última es claramente
posterior y se acepta generalmente su carácter apócrifo.
Desde época muy temprana comenzaron a circular biografías
del primer poeta griego, pero según la crítica moderna, sólo
reflejan la ficción de un poeta legendario que supuestamente escribió
los dos primeros poemas de la tradición literaria occidental. Actualmente
se considera más probable que las obras que se le atribuyen, la
Ilíada
y la Odisea, son el producto de una larga tradición oral
y no de un único autor. El primero en plantear esta hipótesis
fue el abate de Aubignac, François Hédelin, en tiempos de
Luis XIV, que observó incongruencias en el estilo de ambas epopeyas,
lo que le hizo inferir que la autoría no se debía a un solo
hombre, sino que más bien eran recopilaciones de varios poemas hechas
con mayor o menor acierto. A finales del siglo XVIII (1795) el erudito
alemán A. Wolf da un impulso decisivo al problema filológico
de la autoría. Así queda abierta la llamada "cuestión
homérica", que a partir de entonces originará dos
corrientes interpretativas, los unitarios, partidarios de la existencia
de un único autor, y los analistas que propugnaban una creación
compleja, llevada a cabo a través de los siglos con la contribución
de sucesivos poetas. Pero es en el siglo XX cuando se produce la aportación
más esclarecedora con respecto a este tema, de la mano de Millman
Parry*. Este filólogo, cuyo trabajo continuaría A. B. Lord,
partiendo de la comparación de la cultura de los aedos griegos con
la de los cantores del este de Europa, particularmente en los Balcanes,
propuso que ambos poemas eran exclusivamente el producto de la tradición
oral. Un análisis concienzudo de la Odisea y la Ilíada revelaba
aspectos comunes entre ambas formas de creación, aunque los cantos
eslavos nunca se pusieron por escrito. Debemos tener en cuenta que la difusión
del alfabeto en Grecia durante los siglos IX al VIII a.C. es más
o menos contemporánea a la de la puesta por escrito de las grandes
epopeyas, lo cual significa que antes no existía cultura literaria
escrita, solamente había trovadores que debían recitar largos
poemas (algunos de los cuales podían durar días casi sin
interrupciones) ante una audiencia exigente, frecuentemente en cortes de
nobles y reyes. Para poder memorizar tal cantidad de versos, el aedo se
veía obligado a usar una serie de "trucos", idénticos a los
que usaban los cantores eslavos para relatar sus gestas. Fundamentalmente,
el poeta contaba con un tema fijo, una historia que conocía bien,
y sobre éste introducía variaciones en función de
los deseos de su auditorio. Para dar homogeneidad al relato, contaba con
un ritmo y un número de fórmulas fijas que podían
consistir en epítetos para nombrar al héroe o en descripciones
de actividades, ya fueran bélicas, relativas a la cría del
ganado o a la fletadura de un barco. Estas fórmulas siempre iguales,
podían ocupar medio verso, aunque lo frecuente es que su extensión
llenase uno entero o incluso varios. De este modo el cantor reducía
al mínimo la improvisación y podía mantener el ritmo
y la rima. Sin embargo, esto no significa que el aedo fuera un mero repetidor
de fórmulas memorizadas previamente. La excelencia de un determinado
bardo residía en la riqueza de fórmulas que conociese para
denominar varios aspectos de la vida y en su pericia para combinarlas,
labor nada sencilla. Así en su tesis L'épithète
traditionelle dans Homère (París, 1928) , Parry daba
una explicación satisfactoria a la abundancia de párrafos
idénticos o similares en la obra homérica, su génesis
oral. La investigación ha mostrado posteriormente que:
(a) el modelo de Parry compara de
manera impropia dos sociedades de un grado de complejidad diverso y productos
culturales que se dirigen a públicos distintos, confundiendo las
expresiones del arte popular balcánico con los complejos códigos
imperantes en la nobleza micénica,
(b) las supuestas fórmulas
son mucho menos frecuentes y habituales de lo que Parry supone, tal como
lo muestran los estudios con ordenadores y
(c) los poemas tienen un grado de
unidad y una técnica literaria mucho más compleja que las
que exige la hipótesis de la lengua anglosajona.
Características de la épica
homérica
Para los griegos, Homero es más
que un simple recopilador de canciones antiguas. Aristóteles ensalza
en la Poética la Ilíada y la Odisea
por su unidad. Homero fue el educador de las generaciones jóvenes
que debían aprender largos párrafos de la Ilíada
y la Odisea, que no eran consideradas simples creaciones literarias,
sino una auténtica plantilla moral y práctica sobre la que
se sustentaba la paideia la educación práctica y moral
del hombre griego. Sus versos no sólo relatan luchas y aventuras,
sino que dan instrucciones concretas de cómo comportarse con honor
en diversas situaciones, cómo vestir a un guerrero, aparejar un
caballo o trabajar la tierra. Sus cantos eran una suerte de enciclopedia,
un cúmulo de todo el conocimiento útil para la vida, además
de un inmejorable tratado de ética.
Existe un cierto consenso en que
la fijación escrita de la épica homérica se produjo
en el siglo VIII a. C. No obstante, la acción dramática se
desarrolla aproximadamente medio milenio antes, en una época que
había adquirido caracteres míticos para la audiencia. Es
por ello que la figura del héroe tiene tal importancia en la épica,
denominada por esto mismo "heroica". La facultad principal de estos héroes,
además de su fabulosa constitución física, es su temperamento,
la areté o virtud guerrera, que durante la ilustración
ateniense (s. V a. C.) pasaría a ser virtud cívica, debidamente
adaptada a los nuevos tiempos. Este concepto de areté podría
resultar extraño hoy en día, ya que no entraba en contradicción
con comportamientos tales como tomar botines de guerra, apresar y esclavizar
a las mujeres del enemigo o engañarlo con estratagemas. Sin embargo,
el sentido del deber y el honor, fundamentales para la cohesión
de una comunidad, son una constante en la vida de los héroes. Aquiles
tiene la opción de quedarse en su tierra y disfrutar de una larga
vida sin honores o marchar a una guerra que no tiene apenas nada que ver
con él, en una tierra inhóspita, donde sabe que morirá
con seguridad pero alcanzará una fama inmortal. Sin embargo, elige
la segunda opción. Ese es uno de los significados de la areté.
Los dioses son los otros protagonistas
principales de la epopeya heroica, y se nos presentan en una doble identidad.
Por un lado son poderosos y deciden el futuro de los mortales de acuerdo
con sus caprichos, como si de un juego de mesa se tratara, y por el otro
aparecen más próximos a los hombres de lo que cabría
esperar, con defectos que a veces les hacen resultar ridículos,
orgullosos y lascivos. Incluso pueden llegar a ser heridos (aunque nunca
muertos) por manos mortales cuando se inmiscuyen en la batalla. El poderoso
Zeus, que gobierna sobre las demás divinidades, está también
él sujeto a los dictámenes del Destino, la Até
o Hado. Así se prefiguran algunos de los aspectos fundamentales
de la tragedia: el hombre toma sus decisiones pero no está solo,
los dioses juegan con él a su antojo y el destino resulta ineludible,
se puede predecir pero no huir de él.
Estilo
En cuanto a la métrica, la
épica se sirve del hexámetro dactílico, cada estrofa
se compone de seis versos, dáctilos o espondeos. El acento de los
griegos no era intensivo como el nuestro, sino tonal, esto quiere decir
que en lugar de dividir las sílabas por su acento tónico
o átono jugaban con la duración de las mismas, que podía
ser larga o breve. La mayor parte de la Ilíada y la Odisea
está escrita en dialecto jónico, y algunas partes también
en eólico, lo que viene a apoyar las teorías de los analistas.
A partir de Homero el jónico se convirtió en la lengua del
canto épico por excelencia, incluso podría decirse que creó
un dialecto literario que sería empleado de ahí en adelante.
Esta unificación del lenguaje para un uso concreto incluía
también la selección de arcaísmos y neologismos en
el léxico y la sintaxis; podríamos trazar un paralelismo
con la unificación del idioma alemán llevado a cabo por Lucero
en su traducción de la Biblia.
Por último, queda decir que
la Ilíada y la Odisea forman parte de un ciclo mucho
más amplio de composiciones épicas cuyo argumento gira en
torno a la guerra de Troya y de Tebas, que no se han conservado íntegras.
Pausanias menciona una Tebaida; Proclo, la Crestomatía,
y tenemos también constancia de obras llamadas Toma de Troya,
Etiópida, etc. Algunas de ellas se atribuyen a Homero, aunque
es de suponer que su calidad no era tan alta como la de las dos que se
han conservado.
OBRAS
Ilíada
Odisea
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