HERÓDOTO

BIOGRAFÍA
(485-425 a.C)
Heródoto nació hacia
el 485 a.C.en la costa de Asia Menor, en la ciudad de Halicarnaso. Era
hijo de una familia aristocrática, probablemente de origen indígena,
como nos hace suponer el nombre de su padre, Lixes, de resonancias carias.
Halicarnaso era una ciudad fundada por los colonos dorios de Trecén,
un auténtico crisol de culturas, lenguas y etnias que influyó
en el joven Herodoto, despertando el interés por la diversidad cultural
que más adelante se plasmaría en sus estudios historiográficos.
En el 499 estalla una revuelta jonia contra el tirano local, Lígdanis,
en la que participa el futuro historiador, así como el poeta Paniasis,
de quien se sabe que escribió una obra llamada Heracles y
que fue una persona cercana a Heródoto, probablemente era tío
suyo. Al ser sofocada la insurrección, Paniasis fue ejecutado y
su sobrino tuvo que huír a Samos. Sabemos poco de su estancia allí,
pero no debió ser demasiado prolongada ya que pronto comenzó
a realizar largos viajes, que le proporcionarían los datos necesarios
para la ulterior elaboración de sus Historias. Demostró
un especial interés por las costumbres de los lugares a los que
se trasladaba, su religión, su geografía y arquitectura.
Regresó a su patria en el 454, fecha en la que el tirano fue expulsado.
Sabemos que llegó muy lejos
hacia el norte, llegando a la región de Escitia, cerca de la actual
Rusia, y al sur, visitando Siria, Babilonia y Palestina. Permaneció
al menos cuatro meses en Egipto, remontó el Nilo hasta Tebas y vió
las pirámides, recogiendo información sobre el lugar y sus
habitantes. También llegó a la Cirenaica, la Magna Grecia
y Sicilia, siempre tomando buena nota de cuanto veía y de lo que
le contaban las personas que encontraba en sus travesías. Cabe suponer
que estuvo en diversos puntos del Egeo, pues en su obra demuestra poseer
un conocimiento directo de los pueblos helenos. Se ha aventurado que el
motivo de estos viajes, además de la investigación erudita,
podría tener algo que ver con intereses comerciales, aunque no está
demasiado claro, pues Heródoto no da muchos datos sobre su vida
personal en sus escritos y las anécdotas de su vida que nos cuentan
autores posteriores no resultan demasiado fiables. Sabemos que vivió
durante algún tiempo en Atenas, que junto con Esparta era una de
las principales potencias griegas.
Todos estos viajes fueron posibles
gracias a una distensión en las guerras que enfrentaron a griegos
y persas, las llamadas Guerras Médicas, que coinciden con la vida
de nuestro autor y fueron el tema principal de su obra. Siendo ya un hombre
maduro, aproximadamente con cuarenta años, Heródoto participó
en la fundación de la colonia ateniense de Turios, antes Síbaris,
en el sur de Italia. Se trataba de una iniciativa de Pericles para extender
la cultura ática por la Magna Grecia, y el historiador recibió
la ciudadanía, asentándose allí para completar su
obra. Algunas fuentes aseguran que la tumba del historiador se encuentra
en aquella ciudad. Las Historias, en las que se condensan la amplia
experiencia viajera del autor junto con el relato del enfrentamiento contra
los medas, fueron publicadas en los primeros años de la Guerra del
Peloponeso, aunque era ya conocida anteriormente en Atenas.
ESTILO
Este autor fue denominado por Cicerón
"el padre de la historiografía", aludiendo a su carácter
pionero en esta disciplina. Su concepción de la historia es una
investigación general del pasado por medio de las costumbres de
los pueblos, con un tratamiento detallado de lo anecdótico, en cierto
sentido similar en su método al reportaje periodístico moderno.
Heródoto transcribe testimonios diversos de origen oral, como las
tradiciones, sobre los que emite juicios de valor. A veces el propio autor
duda de la veracidad de algunos testimonios, aunque no por ello deja de
registrarlos, ya que considera que una de las funciones principales de
su trabajo es la conservación de datos que pudieran resultar de
utilidad a las generaciones futuras. El otro propósito de la historiografía
para Heródoto es la exaltación de los grandes hechos, en
la que podemos advertir la influencia de Homero. Leónidas y Temístocles,
como figuras capitales de su época, se asimilan a la personalidad
heroica de Áyax o Ulises en la epopeya antigua, contribuyendo así
a dar un tono más elevado a los sucesos del presente. De ahí
el uso frecuente de discursos épicos pronunciados por estos reyes
y generales. Las fuentes que emplea Heródoto, recogidas en el transcurso
de sus largos viajes, se las proporcionan informadores cuya credibilidad
se deriva de su posición en la sociedad a la que pertenecen, preferentemente
sacerdotes y aristócratas.
Las influencias del autor son variadas.
En primer lugar, la tradición historiográfica que le sirve
de punto inicial es la de los geógrafos antiguos, cuyo mayor exponente
es Hecateo de Mileto con su obra Genealogías. Hecateo no
se limita a trazar mapas costeros para la navegación, sino que se
comporta como el explorador de una expedición científica,
tomando nota de las costumbres, flora, fauna y rasgos etnográficos
de los grupos humanos, de modo que a la vez que geógrafo es etnólogo,
antropólogo y biólogo. A este modelo se suma el influjo de
la tragedia, que determina el comportamiento de los personajes históricos
y el desarrollo de la trama en numerosos episodios de las Historias.
Heródoto conoció personalmente a Sófocles y a Esquilo,
por lo que es de suponer que admirase el género dramático
en la misma medida que sus contemporáneos. Ello se refleja además
en el empleo de determinados artificios propios de la tragedia, como la
intervención del oráculo y en la interpretación religiosa
de lo histórico. El origen de los acontecimientos es doble, divino
y humano, siendo el hombre en este último caso responsable de sus
propios actos, igual que en el argumento trágico. La obra de Esquilo
Los Persas condicionó en gran medida la presentación
que hace Heródoto de las Guerras Médicas, en la que el castigo
divino por pecados cometidos en la esfera mortal es lo que desencadena
la masacre. Este historiador presta especial atención a los mitos
y usos religiosos de cada pueblo, encontrando en ellos una explicación
del carácter de cada cultura, estudia la historia persa no menos
que la de los helenos, centrándose en cuatro reyes persas: Ciro,
Cambises, Darío y Jerjes.
Un rasgo que resulta paradójico
en nuestro escritor es que, a pesar de ser el narrador de la historia ática,
la lengua que emplea es el jonio, con numerosas fórmulas que nos
recuerdan a Homero. Sin embargo, el público al que va dirigida la
obra no se limita a los habitantes de Atenas, sino que se busca un destinatario
panhelénico, de modo que cualquier griego pueda sentirse identificado
con alguna de las costumbres que aparecen en las Historias. A menudo
la crónica ofrece un aspecto inacabado, su autor promete contar
episodios que luego olvida, provocando lagunas internas, ocultas bajo la
elaborada estructura del texto. Un relato está anidado dentro de
otro y así sucesivamente, formando una estructura de cajas chinas.
Esto se combina con la composición en anillo, en la que una misma
frase da comienzo y cierre al mismo episodio, como hacían los cantores
homéricos. La anécdota aparece al final de cada capítulo
importante para mantener la atención del lector. En la redacción,
de estilo predominantemente descriptivo, encontramos coordinación
y yuxtaposición de oraciones (parataxis), a veces en exceso complejas.
Finalmente, Heródoto presenta una visión unificada de la
historia, en el que el comportamiento de sus protagonistas viene dado por
las circunstancias y decisiones personales, pero también está
marcada por el peso de la tradición, los comportamientos que a través
del tiempo han cristalizado, dando forma al carácter nacional de
los pueblos.
OBRAS
Los Nueve Libros de la Historia
Hechos Líbicos (desaparecida)
Hechos Asrisios (desaparecida)