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Eneida

Virgilio


      Es la gran epopeya del mundo romano, compuesta por encargo del emperador ya que cumple la función de crear un pasado mítico equiparable al de la cultura griega, con un líder fundador, Eneas, cuya línea dinástica entronca directamente con el padre Júpiter (la madre de Eneas es la diosa Venus), que a su vez dará lugar mediante su hijo Ascanio o Iulo, a la gens iulia, a la que pertenece Augusto como sobrino de César. Pero la Eneidaes mucho más que una justificación genealógica, los seis primeros cantos que la componen están hechos a imagen de la Odisea, son un relato de aventuras y viajes, mientras que los seis últimos participan del espíritu bélico y heroico de la Ilíada. Aparece un nuevo tipo de héroe que encarna las virtudes romanas, piedad, seriedad, deber, constancia, magnanimidad, frente a la arrogancia, astucia y osadía propias del héroe griego. Muchas veces, sin embargo, puede percibirse claramente la identificación entre los personajes virgilianos y homéricos en paralelismos que no escapan a ningún lector atento: Turno es Héctor y Eneas Aquiles, pero también Augusto, así como la reina Dido tiene mucho de Cleopatra, mujer poderosa a la vez que enamorada con un amor que será su perdición. Esto nos lleva a hablar de otro influjo notable de la Eneida, el de la tragedia griega, ya que el libro es una reflexión sobre la predestinación y la simpatía del autor recae a menudo en aquellos que deben ser sacrificados porque se oponen a los designios divinos. 

    1. La obra comienza con el desembarco de los troyanos en Cartago, tras una terrible
    tempestad propiciada por la diosa Juno, y su recibimiento por la reina Dido, que rápidamente
    se enamora del apuesto Eneas. 

    2. Este le cuenta las peripecias que hasta entonces han sufrido, cómo los griegos penetraron
    en Troya mediante el ardid del caballo, cómo el sacerdote Laocoonte fue devorado por unas
    serpientes al intentar advertirles y cómo escapó Eneas con su padre Anquises, su hijo Ascanio
    (o Iulo) y un puñado de supervivientes. 

 

 

3. Acuden después a Delfos, donde un oráculo mal interpretado les hace creer que deben         establecerse en Creta. Allí pasan hambre y grandes penurias hasta que los penates,
dioses troyanos, le dicen en sueños a Eneas que busque asilo en Ausonia (Italia). Embarcan de nuevo y una tempestad les conduce a las Estrófadas, donde luchan contra las arpías, y una
de ellas, Celeno, les augura que no podrán fundar la nueva ciudad de Troya hasta que no se
hayan visto obligados por el hambre a devorar sus propias mesas. También llegan a la isla de
los Cíclopes, como Ulises, y escapan rápidamente. En Sicilia muere Anquises, el padre de Eneas.

   

     4. Cuando acaba su relato, Dido está ya henchida de pasión por el héroe troyano y al día
    siguiente, durante una cacería, estalla una tormenta que hace refugiarse a la joven pareja en
    una gruta, donde consuman su amor. Sin embargo, Júpiter se impacienta al ver que la estancia
    de los troyanos en Cartago dilata el cumplimiento de su deseo de ver fundada la futura Roma,
    y manda a Mercurio para que obligue a Eneas a ponerse de nuevo en camino. Éste así lo hace
    y Dido al verse abandonada monta en cólera y por último se da muerte. 

    5. El siguiente destino es de nuevo Sicilia, donde son espléndidamente recibidos por el rey
    Acestes, celebrando allí los ritos funerarios de Anquises con varias competiciones deportivas.
    Entonces las mujeres troyanas, cansadas de vagar por los mares y enloquecidas por orden de
    Juno, queman las naves, aunque en el último momento, Eneas suplica a Júpiter y éste hace
    derramarse una lluvia que salva los barcos. Así decide dejar una pequeña colonia con los
    supervivientes más débiles en la isla y se embarca con los demás hacia Italia. 

    6. En Cumas, Eneas conoce a la Sibila, la sacerdotisa que le conducirá hasta los infiernos para
    que pueda hablar con su padre. Anquises le muestra a su vástago las generaciones de ilustres
    romanos que esperan para nacer si él consigue llevar a cabo su misión. 

    7. Finalmente llegan a Italia, a la tierra de los latinos, donde se cumple la profecía que les
    obligaba a comerse las mesas, revelándose simbólica, ya que lo que devoran son galletas
    duras sobre las que habían puesto los alimentos. Latino, el rey de aquellas tierras, les recibe
    con gran contento e incluso ofrece su hija en matrimonio a Eneas, pero no podrá evitar que el
    pretendiente de la joven y líder de los vecinos rútulos, Turno, espoleado por Juno y la furia
    Alecto, luche para expulsar a los troyanos de las costas ausonias. 

    8. Eneas buscará nuevos aliados por consejo del río Tiberino, el rey Evandro y su hijo
    Palante, y también los etruscos, que deseaban librarse del yugo de su cruel tirano, Mecencio.
    También se instala en una fortaleza, donde luego se construirá la ciudad de Lavinia, que lleva
    el mismo nombre que la hija del rey Latino. 

    9. Antes de que Eneas llegue con los refuerzos, los troyanos sufren el primer ataque de Turno,
    quien quema sus naves para que no puedan escapar, sorprendentemente éstas se transforman
    en diosas marinas, que acuden a avisar al líder troyano y lo alientan. 

   10. Comienza el asedio del campamento troyano, y mientras los dioses disputan entre sí,
   decidiendo finalmente no intervenir para nada en la batalla. Tiene lugar la aristeia  del joven
   Ascanio, Turno mata a Palante y Eneas a Mecencio y a su hijo. 

   11. Luego se acuerda una tregua para quemar a los muertos en combate y seguidamente la
   fuerza troyana ataca el fuerte rútulo de Laurento. En el combate se destaca la joven Camila,
   que muere en el combate, y finalmente el ejército de Turno debe retirarse.

   12. Una vez en su reducto, los rútulos se vuelven contra Turno y el rey Latino le reconviene,
   así que se ve obligado a desafiar a Eneas a un combate singular. Cuando ya todo está
   preparado, la hermana de Turno, Juturna, dispara una flecha a Eneas hiriéndole y rompiendo
   así la tregua. Cuando finalmente se enfrentan los dos héroes, Turno queda desarmado e
   intenta arrojarle al otro una enorme piedra, pero falla y pide clemencia. Eneas duda, pero ve
   que su enemigo lleva un cinturón del que había despojado a Palante, y lo mata en venganza.
   Juno y Júpiter acuerdan que los troyanos fundarán junto a los latinos el futuro linaje de Roma,
   pero que los Itálicos conservarán sus costumbres y usos religiosos. 

   

 

 

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