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Lara Vilà
ERNST ROBERT CURTIUS
Hablar de Ernst Robert Curtius significa
hablar de Literatura Europea y Edad Media latina, una obra que, saludada
por muchos como un monumento de la medievalística de este siglo,
detractada por otros a causa de la rigidez y el carácter incompleto
de parte de sus bases teóricas, posee, por ese mismo carácter
polémico, todos los ingredientes propios de un clásico de
su género. Su tesis central, la de la continuidad de la cultura
occidental -entiéndase, europea- basada en un concepto de latinidad
que incluye, no sólo a las literaturas en lenguas romances, sino
también a su mismo país de origen, Alemania, es el resultado
de una vida dedicada al estudio de la literatura desde los más diversos
frentes, ya que en la trayectoria de este intelectual alemán cabe
no sólo hablar de literatura medieval y de filología sino
también de literatura moderna y de crítica.
Mis primeros trabajos trataban de literatura francesa. Lo que la poesía es puede aprenderse de la antigüedad, de España, Inglaterra, Alemania. Pero lo que es la literatura sólo puede aprenderse de Francia. [prefacio a sus Ensayos de Literatura europea, en PG, 609] Sus ensayos sobre literatura francesa moderna ponen ya de relieve el interés del joven Curtius por la tradición occidental. No existe contradicción entre ellos y los posteriores sobre la Edad Media, puesto que todos expresan un idéntico interés. Mi preocupación ha sido siempre la misma: la conciencia de Europa y la tradición de Occidente. [PG, 610] En este periodo de juventud, además de la influencia de Gröber, es fundamental su relación con Friedrich Gundolf que le puso en contacto con el poeta Stefan George, quien ejerció una gran influencia sobre Curtius. La influencia del poeta y su círculo y las doctrinas estéticas expresadas en la NRF expresaban una preocupación común por un renacimiento espiritual, que, en el caso de Curtius, debía mucho a la propia tradición familiar. Por las tardes leo, para mis propios fines, algunas de las cartas del abuelo de su periodo en Bonn para ser transportado a una atmósfera de hermosa pureza .... En su vida existen una armonía y una simplicidad perfectas que hoy nos está negada. Somos demasiado diferentes, hemos leído y nos hemos familiarizado con demasiadas cosas -con la sabiduría inglesa, la francesa, la moderna, incluso con la eslava y la oriental. ¿De qué manera nos ayuda todo esto a conseguir una integración de la personalidad similar a la suya? [carta escrita a su madre desde Bonn, 28 de enero de 1917, en PG, 601] Este ansia de renovación
espiritual coexistía con un deseo de reforma en el terreno académico
al que Curtius pertenecía gracias a su cargo de profesor en la universidad
de Bonn desde 1914 donde daba clases sobre literatura francesa moderna,
una asignatura bastante inusual en la Alemania de la época. Esta
reforma académica fue impulsada en 1919 por el entonces Ministro
de Cultura, Carl Heinrich Becker, que deseaba acercar a las universidades
a la vida nacional y hacer que el profesorado llegara a un mayor público.
Curtius se entusiasmó con el proyecto, que ponía de manifiesto,
contra la crisis cultural, un deseo de síntesis, de reconciliación
de las distintas nacionalidades en un ideal de comunidad internacional.
Estas ideas no eran compartidas por Stefan George, y ello hizo que se negara
a interceder en la publicación de la obra de Curtius Die literarischen
Wegbereiter des neuen Frankreichs, el volumen que recogía algunos
de sus ensayos críticos sobre literatura francesa. Poco a poco,
se fue distanciando del círculo de George y de la NRF y empezó
a interesarse en la literatura inglesa. La publicación de un artículo
sobre el Ulises de Joyce y la traducción al alemán de The
Waste Land de T.S. Eliot fueron el primer paso de la relación que
mantuvo con éste último, al tiempo que cierran la etapa marcada
por la "centralidad francesa" de su obra y el retorno al estudio de la
Edad Media.
Personalmente, incluso el mundo de la erudición académica no ocupa para mí la elevada posición que reclaman mis colegas. A medida que envejezco, mayor es mi sentimiento de que no pertenezco a él. (...) Quiero ser libre para bañarme en el Neckar en las animadas noches de verano o para ver a mis amigos incluso si hay miles de reuniones o de conferencias esa misma tarde (...) Para mí, el cosmos de la mente no es un museo sino un jardín por el que pasear y del que recoger los frutos. [en PG, 605] Sus creencias políticas estaban íntimamente relacionadas al terreno de sus intereses culturales. En el sentido estricto del término, Curtius no se sentía interesado en la política, lo que no significa que se abstuviera de hacer comentarios políticos. Más bien, lo que no le interesaban eran los partidos políticos. En una carta dirigida a su madre en 1918 desde Bonn, por ejemplo, escribe: Aquí todo el mundo está creando partidos políticos... Naturalmente no me inclino por ninguno. Todos dicen más o menos lo mismo a través de sus usados eslóganes. Los Conservadores carecen de atractivo y no poseen ninguna libertad de espíritu, los Demócratas son estéticamente imposibles. Del Centro podrían decirse muchas cosas en su favor, pero es básicamente anti-protestante, intolerante... Por supuesto, uno debe, y así lo haré, votar por los Demócratas. Pero nunca llegaré a tener una participación plena en la política. [30 de diciembre de 1918, en PG, 603] Estas palabras reflejan los
pensamientos de la clase a la que Curtius pertenecía y están
marcadas por un sentimiento elitista del que el autor haría gala
a lo largo de toda su vida y que se reflejó en todas sus obras,
especialmente en Literatura Europea y Edad Media Latina. La lectura
de Ortega y Gasset y su relación con éste le proporcionan
una visión de la sociedad expresada en La rebelión de las
masas que él considera paralela a la situación de Alemania
durante la victoria del nazismo, un periodo marcado por un nacionalismo
extremo y la ascensión de las masas al poder, algo que Curtius consideraba
un signo de la barbarie, de la crisis que estaba sufriendo Europa. Su antipatía
por los partidos políticos y por los movimientos de masas contrastan
con su creencia en una aristocracia del intelecto. Estas consideraciones
son la génesis del panfleto
Deutscher Geist in Gefahr (1932),
en el que aboga por un nuevo humanismo cuyos enemigos son tanto los movimientos
de extrema izquierda como los fascismos nacionalistas. Curtius cree firmemente
en una solución liberal-conservadora que debe ser llevada a cabo
por las minorías intelectuales, indispensables para la democracia.
Contra el nacionalismo teutónico de los nazis, recupera la figura
de Carlomagno cuyo imperio representa el nexo de unión entre Alemania
y Roma, el símbolo de la unidad cultural de Occidente que había
entrado en decadencia durante años de crisis y que sólo el
nuevo humanismo, entendido como una postura intelectual y política,
podía curar. Éste es el auténtico patriotismo, declara,
y Goethe es su personificación más auténtica.
Al igual que usted, sufro por la manera como ha empeorado la situación en Alemania y en Austria. Es como una tuerca que se aprieta cada vez más. (...) A veces, uno se siente como si su alma se hubiera debilitado y tuviera que armarse de valor para permanecer activo. Cada vez hay más amigos que emigran a los Estados Unidos -y cada vez resulta más incierto si volveremos a vernos o si podremos mantenernos en contacto. Tan hermosa como ha sido esta estancia en Mürren, esta vez, también, la idea de volver a casa es como una pesadilla. En Alemania uno siente que esta pesadilla es menor, especialmente si se dedica a investigaciones diversas en campos que no han sido nunca explorados, y, de este modo, tiene la ilusión de que sea lo que sea lo que uno está haciendo resulta de la mayor importancia para la república del conocimiento. [Agosto de 1938, en PD, 1106] En algunas de las cartas se vislumbra la nostalgia de Curtius por tiempos mejores, de paz, al tiempo que se lamenta amargamente por su difícil situación que le acarrea también disgustos en el terreno académico. Desde ayer disfrutamos de una tranquilidad apacible aquí [en Luxemburgo] -y de libertad democrática. Cada vez que cruzamos la frontera respiramos de nuevo (...) Estamos tan "socializados" que ya no podremos viajar al extranjero de nuevo.... Me resulta opresivo el hecho de estar aislado de otras tierras. Acaba de quedar vacante una cátedra de literatura francesa en Basel. Pero nadie parece pensar en mí. [Julio de 1936, en PD, 1105] La dificultad de su situación hace que conseguir los libros necesarios para continuar sus investigaciones se convierta en toda una odisea. Gracias a su relación con Gertrude Bing pone remedio a algunas de estas necesidades aunque, eso sí, consciente de ser espiado por agentes nazis como muy bien demuestra la siguiente misiva, enviada desde Luxemburgo: Por favor, sea tan amable decirme en Bonn de cuanto dispongo [para comprar libros ingleses], pero, como precaución, no mencione ni libras ni peniques, sólo quilómetros. La disposición novelística de esta factura de quilómetros, la dejo a su imaginación. [en PD, 1106] A medida que avanzan sus investigaciones sobre la Edad Media latina, los pensamientos de Curtius se vuelven cada vez más hacia la obra de Aby Warburg quien, junto a Jung y Hoffmansthal, es una de las influencias reconocidas más destacadas de Literatura Europea y Edad Media Latina. En una de las cartas expresa su deuda teórica e intelectual con él, al que dedicó, juntamente con Gröber, la que habría de ser su obra más famosa. Cuando reflexiono sobre lo que significa Warburg para mí en este momento, no necesito ni pensar en lo que habría significado si lo hubiera conocido diez años antes. [Enero de 1935, en PD, 1105] A partir de 1937 vio reducida sus horas lectivas dedicadas a la literatura francesa contemporánea, que se consideraba una asignatura provocativa, y se concentró en sus estudios sobre literatura medieval latina. Divido mi tiempo entre largos paseos y la lectura, y la lectura entre los autores antiguos y Tauchnitz [libros de bolsillo]. Pero los antiguos resultan mucho más entretenidos. Lamento haber desperdiciado tanta energía estudiando durante décadas a los modernos. En cualquier caso, uno nunca es libre en la elección del propio camino sino que sigue a un guía espiritual más o menos ciego. [Agosto de 1938, en PD, 1106] Alejado por la situación política de sus intereses más inmediatos, fue paradójicamente la amenaza nazi la que le hizo regresar a la filología románica y a la herencia de Gröber. Tras la guerra Curtius se sentía amargado y deprimido. Había perdido la fe en la izquierda europea y se sentía preocupado por el futuro de la civilización occidental y de la tradición humanista alemana en particular. Lentamente, a medida que reanudaba sus clases y al tiempo que las penurias, no sólo intelectuales, sufridas durante el periodo de entreguerras y la guerra quedaban atrás, recobró su confianza y decidió utilizar las investigaciones sobre literatura medieval a las que se había dedicado durante el nazismo para escribir un libro que fuera un llamamiento en favor de lo que amaba: la tradición humanística y la continuidad de la civilización europea cuyo nexo es la latinidad: Literatura Europea y Edad Media latina (1948). En ella podría decirse que culmina la trayectoria intelectual personal iniciada con sus estudios sobre literatura francesa moderna, una trayectoria siempre guiada por un europeísmo manifiesto. Mi libro (...) nació de un espíritu preocupado por la preservación de la cultura occidental (...) Me he esforzado por poner de manifiesto su unidad en el espacio y en el tiempo, sirviéndome de métodos nuevos. En el caos espiritual de la época presente, se ha hecho necesario -y también posible- demostrar esa unidad de las tradiciones culturales de Occidente. Pero ello sólo puede realizarse partiendo de un punto de vista universal: la latinidad nos ofrece justamente ese punto de vista. El latín fue la lengua cultural de los trece siglos que median entre Virgilio y Dante. Sin ese trasfondo latino es imposible entender las literaturas vulgares de la Edad Media. [LEEML, 10] Curtius creía firmemente
que la afirmación de la continuidad y la homogeneidad de ideas en
la Edad media y en la cultura europea en general impediría que volviera
repetirse la situación que vivió Alemania durante los años
30. Amaba la estabilidad cultural y la continuidad intelectual absoluta
porque consideraba que la cultura era frágil y difícil de
preservar, lo que explica también su aversión por la ideología.
Soy una persona extremadamente ortodoxa, y que se siente únicamente cómoda con aquello que está determinado. Me resulta suficiente reconocer, con un amor incondicional, los arquetipos predeterminados del intelecto para los que nací. [1923, en PG, 603] Su religiosidad le acercó
a personajes como Claudel, Péguy, y contribuyó en su relación
con autores como Eliot, Rolland y André Gide y en el vínculo
epistolar que estableció con Jean de Menasce, un dominico a quien
Curtius hacía frecuentes consultas de tipo teológico, y cuya
influencia en Literatura Europea ha sido pocas veces señalada. Como
centro de esa relación intelectual con escritores de diversas nacionalidades
hay que hablar del sentimiento de pertenecer a una pequeña comunidad
de autores dotados, un sentimiento que no desapareció a pesar de
las vicisitudes de aquellos años, y que le hacían creer,
como expresó en una carta a Eliot, en la creación de un "directorio
secreto para la política cultural occidental" [en PG, 619], que
es también el producto de una generación que alcanzó
la madurez en los años veinte. Incluso la afirmación de que
su obra Literatura Europea no está escrita para especialistas sino
para los amantes de la literatura no debe tomarse en el sentido estricto,
pues para Curtius esas personas no son sino el círculo selecto de
sus pares, los intelectuales. La obra es un credo que conjuga los temas
fundamentales y las influencias dominantes de la vida de un alemán
cosmopolita.
¡Qué puedo decirte de Roma! Todas las capas de mi formación, sedimentadas con lentitud, han sido removidas, divididas. La esfera de mi espíritu ha sido arada y germinada de nuevo por completo. Roma me ha hecho todo esto. Todo en mí es desorden y aún no sé qué va a suceder. Puedes estar seguro de que jamás volveré a experimentar una revelación semejante, un cambio de gravedad igual. [carta a Gundolf, 1912, en AE, 125] Para Curtius, Roma es el símbolo
de la promesa de una paz ordenada e ininterrumpida, precisamente el objeto
de su vida y sus escritos. El estado intelectual ideal con el que soñaba
es el frágil fruto de "una nostalgia romántica purificada
por la disciplina clásica" [AE, 128]. La demostración de
su herencia en occidente y su preservación es el objeto, no sólo
de de Literatura Europea, sino de la totalidad de su obra. La publicación
del primer capítulo en el periódico Merkur en 1947, sin embargo,
no estuvo exento de polémica, algo que habría de perseguir,
y persigue aún, a la obra y que preocupaba a Curtius.
Hay muchos proyectos literarios y de investigación que me rodean como almas que desean apoderarse de un cuerpo. Trabajo sin descanso -y con pasión. Tengo dos nuevos libros en preparación. (...) Las materias de las que trato son de una especie tal que sólo yo puedo tratarlas y sólo yo puedo resolverlas. Ya tengo casi 63 años. ¿Hasta cuándo podré seguir trabajando? [carta a Gertrude Bing, 1949, en PD, 1106] Sus temores no resultaban infundados. Curtius no tardó muchos años en morir. A los 70 años, durante una estancia en Roma, y dejando inconclusos algunos de esos proyectos. * * * * * * Bibliografía sobre Ernst Robert
Curtius
ANTONELLI, Roberto,"Filologia e modernità", Letteratura europea e Medio Evo latino, La Nuova Italia Editrice, Firenze, 1992.[RA] CANTOR, Norman F., Inventing the Middle Ages. The Lives, Works, and Ideas of the Great Medievalists of the Twentieth Century, William Morrow and company, Inc., New york, 1991 [NC]. DÍAZ Y DÍAZ, Manuel C., "Imagen de España en E.R. Curtius", Ernst Robert Curtius. Werk, Wirkung, Zukunftsperpectiven, Sonderdruck, Heidelberg, 1989 [DD]. DRONKE, Peter, "Curtius as medievalist and modernist", Times Literary Suplement, October 3 (1980), pp. 1103-1106 [PD]. EVANS, Jr., Arthur R., "Ernst Robert Curtius", On Four Modern Humanists, Arthur R. Evans, Jr. (ed.), Princeton Essays in European and Comparative Literature, Princeton University Press, princeton, New Jersey, 1970 [AE]. GODMAN, Peter, "The Ideas of Ernst Robert Curtius and the Genesis of ELLMA", Epilogue to European Literature and the Latin Middle Ages, Princeton, 1990 [PG]. LIDA, María Rosa, "Perduración de la literatura antigua en Occidente. A propósito de Ernst Robert Curtius, Europäische Literatur und lateinisches Mittelalter", en La tradición clásica en España, Ariel, Letras e Ideas, Barcelona, 1975. [MRL] RUBIO TOVAR, Joaquín, "Cincuenta
años de Literatura europea y Edad Media latina de E.R. Curtius (1948-1998),
¿
Bibliografía de Ernst Robert Curtius Quatre livre des Reis (1911)
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