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La cuestión homérica


Desde la aparición de la obra de A. Wolf a finales del siglo XVIII (Prolegomena ad Homerum, 1795), la grandiosa unidad de la épica homérica, alabada por Quintiliano (X 1,50), se fue desintegrando paulatinamente a los ojos de la crítica, hasta que los poetas de la Ilíada y la Odisea en simples recolectores y unificadores imprecisos de un material que les había entregado la tradición. Los orígenes de esta tendencia se remontan a la época de la crítica alejandrina de los siglos III a I a. C., pero en los últimos setenta años contribuyó decisivamente la escuela anglosajona de la oral poetry

Es innegable que poemas tan amplios como la Ilíada y la Odisea difícilmente podrían haberse realizado sin la ayuda de la escritura. Como el alfabeto semita del norte fue adoptado por los griegos alrededor del siglo IX, no hay nada que teóricamente impida que las fuentes fueran escritas. Esto es lo que sostenían unánimemente los antiguos. También es muy probable que los registros escritos más antiguos del poema fueran hechos con un alfabeto menos apropiado que el que nos muestran las inscripciones jonias del Asia Menor más antiguas, tal como lo muestran algunas de sus peculiaridades ortográficas y métricas. Desde muy temprano los textos homéricos fueron objeto de estudio y ya en el siglo VII a. C. pueden percibirse las primeras manifestaciones que muestran la existencia de una crítica

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Departamento de Estudios Clásicos de la Universidad Carlos III de Madrid
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