Para poder tener una idea de la
poesía en su dimensión histórica homérica,
es necesario tener en cuenta que las contradicciones textuales y los pasajes
repetidos que originaron la crítica homérica moderna no molestaron
especialmente a la crítica homérica clásica. Tampoco
Aristóteles parece haberles prestado atención. Sólo
la crítica alejandrina, que continuó la línea de la
estética racionalista del Perípato comenzó a encontrar
problemas con dichas irregularidades textuales. Sin embargo, los alejandrinos,
con una intención apologética, no buscaron dar explicación
de los hechos a través de la interpretación, sino que intentaron
purificarlo por medio de cambios textuales que en ocasiones llegaron a
alcanzar una envergadura considerable. De ahí en más, se
exigió del poeta de la gran épica no sólo carencia
de contradicciones, sino también la mayor concentración posible
en la expresión y que evitara asimismo todo lo impropio, de acuerdo
con las ideas imperantes en aquel momento. El primer filólogo homérico
alejandrino, Zenódoto de Efeso, se permitió ya intervenciones
muy osadas en el texto, por medio de la eliminación de pasaje, la
reunión de otros separados, el cambio de palabras. Aparentemente,
se debe a él la división de la Ilíada y la
Odisea en 24 cantos. Contrariamente, Aristarco de Samotracia se
condujo con mayor precaución. Éste trató de evitar
la eleminación de los versos transmitidos, aunque objetó
muchos versos que dejó en el texto. No obstante, la actuación
de los alejandrinos no era completamente gratuita. Su obra se hizo necesaria
por la oscilación increíble de la tradición que podemos
conocer ahora por los nuevos descubrimientos de papiros con fragmentos
de los poemas de época prealejandrina o de la primera época
de la escuela. Sabemos que el texto que se encuentra en los papiros a partir
del siglo II a. C. y en los manuscritos medievales está sensiblemente
abreviado.
El texto que poseemos, por tanto,
puede considerarse el 'Homero alejandrino', es decir una reconstrucción
que es producto no sólo de la búsqueda de una fidelidad histórica,
sino de una actividad que - en el sentido de la escuela de Calímaco
- trabajaba desde el punto de vista de la corrección lógica
y de la perfección poética. Lo que nos ha llegado es
más un texto expurgado de contenidos concretos que un texto reconstruido
en lo que a las lecciones concierne. Por tanto, es muy probable que el
Homero prealejandrino contuviera muchas más contradicciones y repeticiones
que nuestro Homero actual. Lo herencia de la escuela alejandrina se ha
transmitido a través de la Edad Media hasta nosotros, pero más
allá de los círculos de gramáticos y filólogos,
tanto la Edad Media como la Antigüedad se molestaron muy poco por
los 'defectos' de Homero. Se los aceptaba como las sombras necesarias
que van unidas a toda luminaria artística.
La crítica empero produjo
un texto del que los intérpretes más capaces de la época
helenística pudieron extraer con facilidad la característica
que la teleología natural aristotélica le había atribuido,
la finalidad absoluta en toda acción. Por su parte, los neoplatónicos
centraron su interés en las cuestiones ético-religiosas y
en la exégesis alegórica para los fines de su escuela.